lunes 11 de abril de 2011

La pedagogía de lo político que nos dejó las elecciones presidenciales

Publicado en: En: Revista Signo Educativo del Consorcio de Centros Educativos Católicos del Perú, Año XX, N ° 196, Abril de 2011.


Iván Montes Iturrizaga

Las escuelas, universidades e institutos no son los únicos lugares para aprender. También están la familia, las asociaciones culturales y aquellos influjos sociales de mayor alcance que transmiten modos de entender, actuar y pensar nuestra vida en sociedad. Dentro de este marco de influencias sociales también se aprende mucho sobre lo que significa el ámbito político. Esto, de manera especial, tiene que ver con lo que hacen, dicen y dejan de decir nuestras autoridades, políticos, funcionarios y todo aquel que tiene una responsabilidad pública. Así por ejemplo, un alcalde preocupado por su distrito, por erradicar la pobreza, con una conducta transparente y con vocación al dialogo estará enseñando de manera significativa estas formas de comportarse entre los vecinos que integran esta comuna. Es así, que de alguna u otra manera, lo que transcurre en la esfera política podría tener un efecto muy grande como para enseñar conductas, pensamientos y disposiciones con respecto a lo que entendemos por esta actividad de servicio al país.

De manera específica, vemos que en el entorno de las elecciones presidenciales y congresales se practicó una desvirtuada pedagogía social con respecto a la política. Lamentablemente, y si bien hubo excepciones, el panorama de lo que se enseñó desde las campañas tiene más de malo que de bueno. Trataré de sintetizar mis ideas al respecto.

En primer término, se enseñó que cualquiera puede ser parlamentario o funcionario público. Se inculcó a la juventud que no se requiere ningún tipo de preparación, experiencia en el ámbito social o al menos una preocupación tangible sobre algún ámbito de la sociedad peruana. Asimismo, se insistió de manera constante que el hecho de conocer el Perú como turista o el haber sido un deportista calificado eran razones suficientes para considerar que una persona podría hacer un papel bueno en el congreso. De hecho que existe deportistas, artistas y rockeros con experiencia sindical que han desarrollado acciones muy comprometidas al interior de sus respectivos gremios. Pero, por desgracia, esto no es lo que caracterizó a nuestras listas al parlamento. Con estas acciones, casi todos los líderes de las agrupaciones políticas, dictaron cátedra de cómo hacer para que una lista de viejos “otorongos” se vea renovada, moderna y divertida al convocar a personajes, que si bien no tienen nada que decir, tienen la misión de captar votos con su popularidad.

Pero también, gran parte de nuestros políticos dictaron clases magistrales de cómo usar a su antojo la “amnesia por conveniencia”. Esto consistió en hablar de algo, y al día siguiente, decir con la mayor calma “yo no dije eso, me sacaron de contexto”. Otras formas de esta pérdida de memoria se proyectan también a olvidarse de lo que se puso originalmente en los planes de gobierno. Esto se asocia, en gran medida, al nuevo estilo de hacer política que consiste en prometer a cada caso todo lo que conviene para captar votos. En síntesis, los planes de gobierno ya no valen mucho y son relativizados para poder hacer “camino al andar”. Al parecer, se nos enseñó entre líneas y a manera de currículo oculto, que la honestidad no es el mejor amigo de un político que desea ganar.

Otras enseñanzas que ya son típicas de nuestra pedagogía social política son los mítines con show artístico. Ya los mítines de antaño con ideas sólidas y profundas reflexiones sobre la visión de país han cedido lugar a los grupos de tecno-cumbia, al infaltable bailecito de los candidatos y a las agrupaciones femeninas que calientan el ambiente político con sus diminutos atuendos ¡Que lindas enseñanzas de nuestros políticos que nos dijeron implícitamente “vengan a divertirse conmigo y si la pasan bien voten por mí”!

De otro lado, tenemos otros estilos o paradigmas que se transmitieron a la población. Se inculcó – y en especial a nuestra juventud - que el mejor político es aquel que promete obras como puentes, carreteras, escuelas, universidades, veredas, represas, canales y hasta coliseo de gallos. Esto no es malo necesariamente, pero al parecer, la nueva forma de hacer política ha prescindido de una visión de desarrollo. Tal es así que gran parte de las promesas de campaña se asociaron a ladrillo, cemento y fierro. Esto también, se proyectó en las promesas educativas pues estuvimos bombardeados de ofrecimientos en forma de uniformes, libros, zapatillas, capacitación y desayunos escolares. Pero escasearon las propuestas entendidas orientadas a cristalizar nuestro olvidado Proyecto Educativo Nacional. En síntesis, se estuvo enseñando a las nuevas generaciones y reforzando en los adultos que para hacer política ya no valen las ideas sino la “viveza criolla”, el ser “mosca” y el contratar a los mejores asesores de marketing político.

Quizá este circo tragicómico que es la política peruana espanta a mucha gente honesta, preparada y comprometida que desea hacer algo por el país. Quizá el “otoronguismo” y la falta de transparencia es lo que invita a muchos oportunistas, improvisados y lobistas al congreso para servirse en paila un lomo a lo pobre de favores, beneficios y jugosas ganancias. Quizá la pedagogía que viene del ámbito político ha sido tan fuerte que las grandes mayorías esperan justamente estas conductas en quienes serán los próximos padres de la patria. Quizá hayan excepciones, pero son solo excepciones.

Esta ha sido una pincelada de lo que probablemente se enseñó en torno a la política por parte de nuestros propios políticos. Pero aún, y con este panorama tan pesimista, considero que podemos revertir esta situación si es que desde la escuela, la familia y todo ámbito social promovemos criterios para suscitar la toma de distancia y abierta desaprobación de todo este circo de mal gusto y carente de talento. ¡Es momento de que las escuelas puedan hacer un alto para que reflexionen conjuntamente con sus estudiantes en torno a esta problemática! Esta es la mejor coyuntura para poder enseñar en nuestras instituciones educativas valores cívicos, actitudes democráticas y criterios para enjuiciar críticamente el acontecer político nacional.