martes 22 de febrero de 2011

La educación en la agenda política, la educación en boca de todos


Fuente: Publicado en el diario La Voz (Arequipa) el 25 de febrero de 2011 (p.6)


(*) Iván Montes Iturrizaga


La problemática educativa está nuevamente de moda en esta coyuntura de elecciones presidenciales y de renovación parlamentaria. De ahí que ahora, y justo cuando están en campaña, los políticos coinciden en reconocen que sin una buena educación básica, técnica y superior no alcanzaremos un desarrollo social verdadero.

Sin embargo, y a pesar de este consenso acerca de la importancia de la educación en los destinos de nuestro país, se percibe en los discurso una gran simplificación con respecto a qué y cómo hacer para revertir nuestra preocupante situación. Para comenzar, llama poderosamente la atención la facilidad con que nuestros nuevos y viejos políticos hablan del tema educativo convencidos de que con dos o tres medidas coyunturales las cosas se arreglarían por arte de magia. Esto es preocupante, pues al parecer, seguimos en el errado paradigma peruano de que liderar el sistema educativo es una tarea fácil (“papayita”) y que se puede prescindir de equipos técnicos del más alto nivel. Es más, en el Perú existe tan poco respecto por lo educativo por parte de la clase política que se cree que uno puede aprender ya siendo ministro, director nacional, gerente regional de educación o especialista. Este es un problema de fondo y un gran impase histórico – y una forma de violencia profesional muy arraigada en el ámbito educativo - que nos remite a la falta de liderazgos entendidos capaces de movilizar a la sociedad en pro de un proyecto educativo nacional.

Pero es probable que los políticos no sepan que tenemos muchas disciplinas que estudian e intervienen sobre los fenómenos educativos y que son integradas en lo que se conoce como las ciencias de la educación. O quizá no conozcan, que en el Perú y en gran parte de América Latina, tenemos muy buenos centros de investigación que han desarrollado estudios muy rigurosos sobre el impacto de determinadas medidas en los sistemas educativos. Estas evidencias empíricas son tan abundantes ahora, qué en las últimas décadas, expertos provenientes de los centros de investigación y ONG de reconocido prestigio – del Perú y del extranjero- han advertido hasta el cansancio lo contraproducente de muchas de las medidas ejecutadas. Esto es penoso, pues con un sistema educativo plagado de marchas y contramarchas difícilmente levantaremos cabeza frente a los otros países de la región.

Pero también, contamos en nuestro medio un gran contingente de estudiosos, consultores y maestros con exitosas experiencias que bien podrían generalizarse progresivamente a fin de que muchos más sean los beneficiados. Paradójicamente, y pesar de contar con información fiable y talento disponible, la mayoría de los políticos confían en sus intuiciones, en sus prejuicios y en asesores poco versados en la materia.

Como consecuencia de este escaso respeto que se tiene por lo educativo gran parte de los políticos se sienten con el derecho de hablar sin fundamento sobre lo que sería lo más apropiado para mejorar la calidad de nuestra educación. Lo que más preocupa de estas propuestas – aparte de su precariedad técnica- es la falta de una visión integral o sistémica para comprender la realidad y proponer mejoras. Así, las propuestas, mayormente de quienes aspiran a una curul en el congreso, se presentan como intenciones cosméticas y poco pertinentes para alcanzar la tan ansiada calidad con equidad. Por ejemplo, algunos se han abocado a prometer becas a los mejores alumnos. Otros, pretenden mejorar al profesorado usando la evaluación como medio de presión. Y no pocos desean desarrollar sistemas de incentivos a la luz de los resultados de los estudiantes en las pruebas estandarizadas de la Unidad de Medición de la Calidad del MINEDU. Esta situación llegó a su punto más bajo en la última Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE) desarrollada en Cusco y en donde las propuestas educativas de los candidatos a la presidencia dejó el sin sabor de que no tenemos más que buenas intenciones.

En este carnaval de propuestas tampoco faltan las visiones meramente cuantitativas que propugnan simplemente por más capacitación, por más evaluación, por más computadoras o por más textos. Esta forma de ver la realidad – reduccionista en el fondo- pasa por alto las preguntas más importantes con respecto a las cualidades deseables que estos despliegues tendrían que tener. Cabe recordar, que para este tipo de posturas todo está bien en el sistema educativo y solamente tenemos que enfrentar desafíos asociados con la extensión de que supuestamente se viene haciendo de manera correcta.

Si bien todos tenemos el derecho de hablar, opinar y proponer en materia educativa, es preocupante que siendo la educación un asunto tan importante se concentren las principales decisiones en manos de personas con escasa o nula preparación en la materia. También, es inaceptable que sea la educación el salvavidas de muchos candidatos al congreso que carecen de formación y experiencias relevantes – mayormente deportistas, empresarios y gente de la farándula - como para ser aportes en el ámbito legislativo. Y en este punto caen casi todos los candidatos al congreso que han sido invitados solamente por su carisma y popularidad que rápidamente aprendieron el secreto de hablar de educación cuando no se tiene nada o muy poco que decir respecto a algo. ¡Qué tal raza!

Tenemos en el Perú un gran desafío en el sector educación, y quien sabe, el principal problema no sean los maestros ni la falta de presupuesto, sino más bien, la manera en que se piensa y se toman las decisiones al interior del sector. Todo esto, mantiene las cosas como están a pesar de los significativos avances que lamentablemente pierden su impacto debido a que no se han percibido las problemáticas desde una concepción sustentada e integral. Esperemos que nuestros nuevos gobernantes no solo hablen de la importancia de la educación, sino que también, sean capaces de respetar este campo tan especializado y rico en evidencia empírica, expertos y sabiduría que ojalá sean tomados en cuenta por el bien de todos.

(*) Psicólogo y Doctor en Ciencias de la Educación de la PUC de Chile. Investigador y consultor para organismos internacionales. Es Presidente de la Comisión Organizadora de la Universidad La Salle.