
Publicado en la Revista Signo Educativo – Año XVIII, Nº 180, Agosto 2009
Problemas de calidad y “administrismo” en las universidades peruanas
(*) Iván Montes Iturrizaga
La oferta universitaria en el Perú se ha expandido considerablemente en los últimos años. Tal es así, que en la actualidad, contamos ya cerca de 80 instituciones entre públicas y privadas bajo la jurisdicción de la Asamblea Nacional de Rectores (ANR). A esta cifra tendríamos que sumar las 30 nuevas universidades que se encontrarían en proceso de trámite e institucionalización en el seno del Consejo Nacional para la Autorización de Funcionamiento de Universidades (CONAFU).
Este crecimiento cuantitativo ha venido acompañado por preocupaciones en cuanto a la calidad de los servicios educativos que se están brindando. Los estudiantes, los padres de familia, las empresas, el sector público y las gentes de a pie en las calles constantemente se preguntan ¿cuáles son las universidades buenas? Sin embargo, el panorama es tan complejo ahora que las respuestas de antaño ya no satisfacen ni contentan a nadie.
(*) Iván Montes Iturrizaga
La oferta universitaria en el Perú se ha expandido considerablemente en los últimos años. Tal es así, que en la actualidad, contamos ya cerca de 80 instituciones entre públicas y privadas bajo la jurisdicción de la Asamblea Nacional de Rectores (ANR). A esta cifra tendríamos que sumar las 30 nuevas universidades que se encontrarían en proceso de trámite e institucionalización en el seno del Consejo Nacional para la Autorización de Funcionamiento de Universidades (CONAFU).
Este crecimiento cuantitativo ha venido acompañado por preocupaciones en cuanto a la calidad de los servicios educativos que se están brindando. Los estudiantes, los padres de familia, las empresas, el sector público y las gentes de a pie en las calles constantemente se preguntan ¿cuáles son las universidades buenas? Sin embargo, el panorama es tan complejo ahora que las respuestas de antaño ya no satisfacen ni contentan a nadie.
Estamos ahora en un nuevo marco, amplio y diverso, donde ya no valdría la tradicional distinción universidad pública “exigente” y universidad privada “fácil”. Tampoco, y al interior de las privadas, sería relevante hablar de universidades sin fines de lucro como “buenas” y con fines de lucro como “mercantilistas”. Sería un craso error establecer juicios de valor con respecto a la calidad de los servicios educativos a la luz del carácter institucional (público o privado) o forma societaria (asociación civil o empresa sociedad anónima). Pues ahora, en estos tiempos, la calidad no es un atributo automático a determinadas formas de universidad. Tenemos así, que la distinción que pronto se instalará en el Perú será muy determinante: entidad acreditada – entidad no acreditada.
Soy un convencido de que todas las formas de universidad tienen razón de existir, desplegarse y posicionarse siempre que asuman con decisión la identidad histórica que caracteriza a este tipo de organizaciones. De esta manera, no tendríamos que asustarnos ante una universidad que persigue fines de lucro y sincera su carácter con total transparencia. Tampoco, podríamos santificar y creer ciegamente en los servicios de una institución pública o privada que no pretende ganancias. Incluso, la tradición y las remembranzas de gloriosas épocas pasadas de una universidad no le servirán de mucho para gozar del reconocimiento social en la actualidad. Es así que se estaría perfilando un nuevo escenario en el Perú para connotar la calidad: la acreditación.
En este contexto, gracias al CONEAU (órgano encargado de acreditar a las universidades peruanas), las universidades tendrán que ganarse una certificación de calidad al cumplir estándares (ojalá rigurosos). Sin embargo, el conquistar estándares exigentes no supone el simple acopio de documentos o el llenado de complicados formatos que penosamente caracterizó a las primeras experiencias en nuestro país. Alcanzar la calidad universitaria implica necesariamente partir de una clara concepción de lo que realmente identifica a institución de este tipo. Asimismo, y sobre la base de lo anteriormente mencionado, comprendería una serie de procesos reflexivos (auto-evaluación) y la toma trascendental de decisiones comprometidas con la mejora constante.
Lamentablemente, estos nuevos conceptos y formas de entender la calidad generarán una necesaria e inevitable conmoción en el sistema. Muchas universidades viven aún inmersas en una permanente auto-referencia donde cada cual proclama su calidad sin sentirse obligados a demostrarla. Por otro lado, los problemas políticos, la pugna por el poder y los actos de corrupción campean en al menos un tercio de nuestras casas superiores de estudio. Se suma a esto el hecho de que muchas universidades son conducidas sin criterios académicos. También, existirían otros problemas casi generalizados como por ejemplo: los estilos autocráticos de gestión; la débil vinculación de la universidad peruana con la problemática nacional; el escaso reconocimiento al mérito intelectual; y, la débil atención que se le presta a la investigación en los presupuestos institucionales.
Pero, se suma al panorama descrito, problemas de calidad asociados a un nuevo pensamiento reduccionista de corte administrativo (“administrismo universitario”) que supedita lo académico al criterio de expertos en marketing, finanzas, planificación y gestión estratégica. En este nocivo paradigma las autoridades consideran que no hace falta la experiencia académica en el mundo universitario para asumir un cargo, y por ende, prefieren contratar a personas ajenas a este ámbito pero conocedoras de la administración.
Este “administrismo” no es patrimonio de algún tipo especial de universidad. Por eso se ha instalado en instituciones tanto públicas como en privadas (con y sin fines de lucro). Esta manera de pensar se evidencia muchas veces en decisiones y actitudes poco académicas, como por ejemplo: el incrementar el número de alumnos por aula para tener mayores ingresos vía el ahorro en el pago de docentes; el subestimar la producción intelectual y la investigación; la designación de decanos y autoridades part time; la exigencia de que toda labor de proyección o extensión debe generar ganancia; y, la consideración errónea de que el prestigio se debe al accionar de las oficinas de marketing y no tanto al talento docente.
No se vaya a pensar que estoy en contra de que se apliquen las modernas herramientas de gestión a las universidades. El problema radica cuando el “administrismo” se impone sobre cualquier otra forma de pensamiento encarnado en la vida académica. Aquí la culpa no la tiene la administración ni los administradores, sino más bien, una manera distorsionada de comprender esta disciplina. Pues, es probable, que esta forma de pensar – violenta en su naturaleza y muy de moda en las universidades- sea promocionada por profesionales que no aprendieron el ABC de la administración, ni muchos menos, el básico principio: “conoce muy bien sobre lo que vas a gestionar”.
A la larga, las prácticas “administristas” en el gobierno de una universidad equivaldrían a un inevitable “haraquiri institucional”.
(*) Profesor Principal e Investigador Senior de la Universidad Católica San Pablo.
1 comentarios:
Hola Iván
Considero muy acertado tu comentario, es cierto que la Universidad Peruana esta pasando por una de esas crisis llamadas "parches", pues todo lo nuevo o último parece ser la receta de mejoramiento y crecimiento institucional y hay que usarla y parchar la organización, y como hoy estamos bombardeados por el marketing y la publicidad, entonces se cree que es mejor dejar los espacios académicos y dar paso a la publicidad como garantía de crecimiento institucional.
Lo penoso de todo esto es que muchas universidades estan convencidas de que es la mejor opción, pero no han considerado creo lo suficente el riesgo sobre el cual están comenzando a caminar, pues bien pueden convertirse pronto en sólo empresas que cobran por un servicio y no en instituciones de investigación, producción y mejoramiento de la sociedad; ante todo la calidad y luego las cantidades, señores.
Fernando Polanco
ferpol100@yahoo.com
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