martes 10 de junio de 2008

¿A la guerra o a la escuela?: La maletas con rueditas

¿A la guerra o a la escuela?: La maletas con rueditas

Iván Montes Iturrizaga (*)
(Publicado en el Semanario Encuentro, Junio 2008)

Antiguamente los niños acudían a sus escuelas con pequeños cuadernos y modestos fólderes de cartón. Adicionalmente, un par de textos o la funcional enciclopedia (injustamente olvidada) acompañaban siempre al infaltable diccionario. Para terminar, una cartuchera con lápices, colores y otros implementos. Todo esto entraba cómodamente en una pequeña maleta de cuero, con compartimentos especiales y con un sistema de correas que incluía un pequeño broche metálico con llave. ¡Qué tiempos aquellos! Aún puedo recordar mi primera maleta cuando ingresé al primer grado allá por el año 1974. Mi padre nos tomó una célebre foto que todavía conservamos en el álbum familiar. En esta estampa todos, incluso los más pequeños, podían cargar sus maletas sin mayor esfuerzo. La educación era más simple y seguramente más pertinente que en muchos entornos actuales.

Pero hoy en día, las maletas o maletines están en franca extinción. Ahora la “moda” son las maletas de viaje. Perfectas para entrar en la cabina de un avión a fin de evitar la tan odiosa bodega. Este cambio no ha sido voluntario en los padres de familia, sino más bien, una necesidad impuesta desde los establecimientos escolares. Es así que cabría preguntarnos: ¿cuál es la razón de tanto cambio?, ¿qué justificación podría existir para llevar semejante equipaje “con rueditas” que simula el desembarco a Normandía?, ¿no será esto un indicador de la falta de creatividad para dosificar las tareas escolares y pautar el trabajo en casa?

Sinceramente, no veo racionalidad alguna desde el punto de vista pedagógico para argumentar en pro de estos equipajes. Es probable que por querer abarcar mucho se abrume a los niños con 5 ó 6 tareas en vez de centrase dos adecuadamente dosificadas. Las maletas, cada día más grandes, son indicador de que algo no esta marchando bien en nuestro sistema. Amén de los problemas de espalda en los alumnos que no cuentan con los medios para una maleta con ruedas. Al final, el tanto cargar o jalar el tan pesado bulto del saber atentaría también contra la salud de nuestros estudiantes. Este no es un tema trivial. Es solo la punta del iceberg que nos podría indicar problemas mucho más grandes. Intuyo que esta evidencia se asociaría con problema en las tareas escolares, en especial: a la falta de racionalidad al dejarlas; a la escasa dosificación de las mismas; y, a la manera en que se concibe el trabajo con los textos.

Esperemos que las maletas no sigan creciendo más. Suficiente espectáculo tenemos ya todos los días al ver a nuestros niños cumpliendo una función no antes vista dentro de su histórico rol como estudiantes: la de cargador. Es el momento en que las instituciones educativas formulen realmente políticas para la asignación de tareas y conducir el trabajo estudiantil dentro del hogar. El Ministerio podría promover buenas políticas al respecto.

(*) Psicólogo Educacional, Doctor en Ciencias de la Educación de la Pontificia Universidad Católica de Chile.