Una de las dimensiones vertebrales de la Universidad como institución es su accionar de cara a la investigación científica y tecnológica en cada una de sus formas. Esta dimensión o faceta de la vida universitaria se constituye en la esencia misma de las intencionalidades formativas, ya sea enseñando a investigar en contextos institucionalizados (centros o grupos) o también procurando a través de las diferentes asignaturas la lectura analítica de investigaciones. Ambos aspectos son vitales a fin de que el alumno se familiarice con el hábito profesional caracterizado por asumir decisiones sobre la base de teorías científicas. Y es ahí, donde se plantea una de las diferencias sociológicas entre un profesional y un técnico. Mientas que el técnico se centra en el cómo hacer el profesional conoce además el porqué (fundamentos), y por consiguiente, podrá generar soluciones creativas y pertinentes ante cualquier problema que se le presente. En este caso, la solución creativa lejos de ser fruto de la inspiración supone fundamentalmente una base teórica sólida y debidamente actualizada.
Ahora bien, si nos centramos en el aspecto que tiene que ver con la lectura analítica y crítica de investigaciones, debemos considerar que cada uno de nosotros como profesores universitarios somos responsables por cristalizar esa intencionalidad. Es más, se podría afirmar que una docencia debidamente actualizada debería de incluir entre los materiales de lectura un conjunto de investigaciones recientes a fin de que ellos entren en contacto con las últimas realizaciones en un determinado campo. Las enciclopedias, manuales y colecciones sirven de mucho, pero no tienen la potencia suficiente como para socializar al alumno con los nuevos hallazgos ni con los procesos implicados en la producción de conocimientos científicos y tecnológicos. Es más, lo que muchas veces se publica como tratado o manual ya fue publicado por el autor mucho años atrás en forma de paper o artículo en una revista. En nuestra región aquí hay desafío pues todavía se sigue apostando por la cátedra de cara al manual y no se ha comprendido aún la importancia de las revistas científicas especializadas como insumos para la docencia actualizada, dinámica y pertinente a los tiempos. De alguna u otra manera todo esto es un indicador de que la investigación no constituye una actividad inherente para la mayoría de nuestros catedráticos del medio.
Cabe señalar aquí, que no es la intención conseguir que todos los alumnos se conviertan en investigadores. Sino más bien, instaurar en ellos esa necesidad por estar al tanto de los últimos avances en una determinada área. Todo esto, como una cualidad indispensable para todo profesional interesado en alcanzar la excelencia, y por ende, servir mejor a la sociedad. Pero esta necesidad surgirá en la medida en que presentemos a los alumnos la producción científica como algo accesible, claro y posible de comprender. Asimismo, se requiere también que hagamos uso de las grandes posibilidades de información que nos brinda hoy el Internet y que formemos en el alumno habilidades intelectuales orientadas a la búsqueda, selección y uso de la información confiable. En este caso, la opción menos recomendada – pregonada por muchos - es negar a los alumnos la posibilidad de usar Internet por el simple hecho de que hay información muy dispersa o por desconocer sus ventajas.
Por último, para fomentar una práctica científica vigorosa es indispensable la generación, consolidación y acreditación de los grupos de investigación donde los alumnos puedan aprender verdaderamente el cómo se hace al incorporarse como ayudantes o practicantes. La investigación no se aprende en los cursos de metodología (menos con profesores que por lo general no investigan), ni en las maestrías en investigación y docencia universitaria y menos aún con ofrecer bonos monetarios a diestra y siniestra a catedráticos por el simple hecho de la antigüedad en su institución. El proceso para formar investigadores es lento y debe de tener como prioridad el apoyo a los grupos de investigación ya existentes o en gestación. De esta manera, contaremos con una producción científica de calidad capaz de integrarse a los círculos de conocimiento más reconocidos a través de las revistas especializadas del ámbito nacional e internacional.
Ante todo lo expuesto queda de manifiesto que el impartir una cátedra preocupada por la familiarización del alumno con la literatura científica y tecnológica exige al menos cuatro condiciones: a) mostrar al alumno una actitud favorable hacia la actualización constante vía la lectura de investigaciones; b) motivar a los alumnos para que a lo largo de toda su formación usen Internet como una fuente de información válida, pertinente y oportuna para cada una de nuestras materias; c) que el docente investigue ya sea en su propio grupo de investigación o formando parte de algún grupo ya establecido; y d) que las autoridades universitarias comprendan que la práctica de la investigación requiere revistas especializadas, el acceso a bases de datos, laboratorios, subvenciones, equipos e incentivos para retener al talento humano más especializado. En este marco, es probable que el sistema de acreditación universitaria que se implantará en nuestro país sea un factor motivador para todos puesto que la producción científica y tecnológica serían privilegiadas como los indicadores más explicativos de la calidad académica por todo lo que implica. Es momento de que muchas universidades peruanas comprendan que no pueden seguir funcionando irresponsablemente como fábricas de diplomas alejadas de la investigación y la búsqueda de la verdad. La Universidad Peruana – salvo excepciones – atraviesa una grave crisis de identidad y es probable que el retroceso en materia investigativa se asocie a la corrupción, la inmoralidad y a los vicios administrativos que nos vienen caracterizando en las últimas dos décadas.
martes 15 de abril de 2008
De la crisis universitaria a la crisis de la investigación
Iván Montes Iturrizaga
Etiquetas:
Crisis de la Investigación
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