Publicado en Signo Educativo, Marzo de 2008
Hace poco más de un mes la comunidad magisterial del Perú se estremeció y asombró con el Decreto Supremo Nº 004-2008-ED. Aquí se considera que para ser contratado como docente se tiene que acreditar el haber egresado de las facultades e institutos pedagógicos dentro del tercio superior. Las críticas están a la orden del día en la prensa local y en vez de explicaciones racionales por parte del Ministerio de Educación solo hemos escuchado amenazas a los Gobiernos Regionales. Queda así de manifiesto que no existen argumentos válidos y un respaldo investigativo – empírico para sostener esta nueva iniciativa gubernamental.
Es probable que esta sea otra medida cosmética y apresurada del gobierno para seguir poniendo bajo el escrutinio público a los maestros, pero sin ofrecer soluciones integrales que sean sostenibles en el tiempo. La pregunta que nos hacemos es ¿ Cuál es la intención de este Decreto ? o ¿ Cuál es el razonamiento que sostiene esta medida ?. En este artículo se discutirán algunas implicancias negativas de esta medida.
En primer lugar, cuando alguien estudia la carrera de pedagogía o educación recibe un título que no solo lo faculta para ejercer, sino que también, es una muestra de que enfrentó con éxito las diversas exigencias contempladas en los cursos que llevó durante 5 años de su vida. Por tanto, todos los egresados tendrían el derecho de ejercer (según las Leyes Peruanas) y concursar en igualdad de condiciones en estos procesos orientados a la contratación y al nombramiento. Pero no nos engañemos, todos sabemos que la formación de los profesores en el Perú es irregular en cuanto a su calidad y que muchos de los que poseen un título no reúnen las competencias mínimas para enseñar. Frente a esto no queda más que mejorar la calidad de la formación inicial y desarrollar mecanismos más inteligentes para promover el estudio y en especial el mejoramiento de las prácticas pedagógicas en los maestros en ejercicio.
En segundo término, cabría concebir que siempre habrá un tercio superior en una promoción de alumnos. Tanto en la facultad de pedagogía más precaria del Perú como en la escuela de educación de la Universidad de Harvard habrá siempre un tercio superior. Pero eso no quiere decir que necesariamente los que no son del tercio superior sean malos. Para seguir con el ejemplo, podríamos decir que en Harvard o en cualquier otra universidad de prestigio todos serían buenos por igual y que el orden de mérito que permite determinar al tercio superior no estaría marcando necesariamente diferencias significativas al interior de una promoción de estudiantes. Del mismo modo, y en sentido contrario, podríamos tener en el Perú a una promoción donde las debilidades e insuficiencias formativas caracterizarían a todos sin excepción. O también, podría ser que el tercio inferior de un grupo de egresados de una buena facultad tenga mejores competencias y preparación que el tercio superior de una entidad de dudosa reputación académica. Quien sabe el desafío sea procurar medios y condiciones a fin de garantizar que de aquí a 4 ó 5 años todos los que egresen de las carreras de educación (100 %) cumplan con una serie de estándares de calidad profesional.
No ganamos nada con decir que solo podrán contratados los que demuestren haber egresado en el tercio superior. De todos modos, así tengamos las mejores facultades de educación no tendría sentido una medida de este tipo. Todos los titulados siempre tendrían que tener la posibilidad de presentarse y ser evaluados en cuanto a sus competencias docentes, experiencia y potencial de desarrollo. Garanticemos por tanto que las nuevas generaciones y promociones de maestros tengan al menos una serie de competencias mínimas por igual. Para ello, pensemos primero en identificar llaves maestras que nos permitan desarrollar e implementar estándares en las facultades de educación e institutos a fin de solucionar el problema desde la raíz. Pues hasta la fecha, las diferentes medidas asumidas (nota 14 para ingresar a un pedagógico y ahora el tercio superior) no tocan en absoluto a las instancias formadoras ni las comprometen a mejorar.
Como tercer punto está la perspectiva de la carrera de educación. ¿ Qué pasará ahora con la postulación ?, ¿ Los jóvenes talentosos desearán estudiar esta carrera cuando de antemano se sabe que solo unos pocos podrán acceder a una plaza en el sector público ?. Pensamos que con este decreto todos terminarán de espantarse de la carrera pedagógica. Ahora se sumará al bajo prestigio de la profesión docente la discriminación, el maltrato ministerial y el determinismo según las calificaciones obtenidas. Es probable que ahora ni los buenos ni los malos deseen estudiar para ser educadores. Es probable que se produzcan una serie de efectos perversos, irregularidades y “trampitas” ya harto conocidas si es que no se deroga este decreto supremo. Lo que si nos queda claro es que este decreto solo discrimina y no ofrece alcance alguno para mejorar la calidad de las facultades de educación e institutos pedagógicos. Tampoco este decreto se constituye en aliciente para tener un mejor despliegue en las aulas.
Al parecer el Ministerio de Educación y el Gobierno actual siguen viendo de manera simplista el problema docente. Desean mejorar – eso dicen – pero no tienen ningún programa integral que optimice la formación inicial, las capacitaciones y la gestión institucional a fin de alinearla al desarrollo profesional de los maestros. Pareciera ser que las diferentes medidas adoptadas hasta la fecha tienen como intención desmantelar los centros de formación, desmotivar al personal docente, tener concursos más baratos (pues con este decreto se presentarán menos) y terminar de una vez con la desprofesionalización de esta carrera tan necesaria para el desarrollo nacional. ¿Qué es lo que pasa en el MED y en el gobierno?, ¿hasta cuándo esperaremos por medidas inteligentes, integrales y comprometidas con la calidad?, ¿cuándo terminará el ataque al magisterio?, ¿cuándo existirá un pensamiento coherente para enfrentar los problemas educativos motivando el concurso de todos?.
Hace poco más de un mes la comunidad magisterial del Perú se estremeció y asombró con el Decreto Supremo Nº 004-2008-ED. Aquí se considera que para ser contratado como docente se tiene que acreditar el haber egresado de las facultades e institutos pedagógicos dentro del tercio superior. Las críticas están a la orden del día en la prensa local y en vez de explicaciones racionales por parte del Ministerio de Educación solo hemos escuchado amenazas a los Gobiernos Regionales. Queda así de manifiesto que no existen argumentos válidos y un respaldo investigativo – empírico para sostener esta nueva iniciativa gubernamental.
Es probable que esta sea otra medida cosmética y apresurada del gobierno para seguir poniendo bajo el escrutinio público a los maestros, pero sin ofrecer soluciones integrales que sean sostenibles en el tiempo. La pregunta que nos hacemos es ¿ Cuál es la intención de este Decreto ? o ¿ Cuál es el razonamiento que sostiene esta medida ?. En este artículo se discutirán algunas implicancias negativas de esta medida.
En primer lugar, cuando alguien estudia la carrera de pedagogía o educación recibe un título que no solo lo faculta para ejercer, sino que también, es una muestra de que enfrentó con éxito las diversas exigencias contempladas en los cursos que llevó durante 5 años de su vida. Por tanto, todos los egresados tendrían el derecho de ejercer (según las Leyes Peruanas) y concursar en igualdad de condiciones en estos procesos orientados a la contratación y al nombramiento. Pero no nos engañemos, todos sabemos que la formación de los profesores en el Perú es irregular en cuanto a su calidad y que muchos de los que poseen un título no reúnen las competencias mínimas para enseñar. Frente a esto no queda más que mejorar la calidad de la formación inicial y desarrollar mecanismos más inteligentes para promover el estudio y en especial el mejoramiento de las prácticas pedagógicas en los maestros en ejercicio.
En segundo término, cabría concebir que siempre habrá un tercio superior en una promoción de alumnos. Tanto en la facultad de pedagogía más precaria del Perú como en la escuela de educación de la Universidad de Harvard habrá siempre un tercio superior. Pero eso no quiere decir que necesariamente los que no son del tercio superior sean malos. Para seguir con el ejemplo, podríamos decir que en Harvard o en cualquier otra universidad de prestigio todos serían buenos por igual y que el orden de mérito que permite determinar al tercio superior no estaría marcando necesariamente diferencias significativas al interior de una promoción de estudiantes. Del mismo modo, y en sentido contrario, podríamos tener en el Perú a una promoción donde las debilidades e insuficiencias formativas caracterizarían a todos sin excepción. O también, podría ser que el tercio inferior de un grupo de egresados de una buena facultad tenga mejores competencias y preparación que el tercio superior de una entidad de dudosa reputación académica. Quien sabe el desafío sea procurar medios y condiciones a fin de garantizar que de aquí a 4 ó 5 años todos los que egresen de las carreras de educación (100 %) cumplan con una serie de estándares de calidad profesional.
No ganamos nada con decir que solo podrán contratados los que demuestren haber egresado en el tercio superior. De todos modos, así tengamos las mejores facultades de educación no tendría sentido una medida de este tipo. Todos los titulados siempre tendrían que tener la posibilidad de presentarse y ser evaluados en cuanto a sus competencias docentes, experiencia y potencial de desarrollo. Garanticemos por tanto que las nuevas generaciones y promociones de maestros tengan al menos una serie de competencias mínimas por igual. Para ello, pensemos primero en identificar llaves maestras que nos permitan desarrollar e implementar estándares en las facultades de educación e institutos a fin de solucionar el problema desde la raíz. Pues hasta la fecha, las diferentes medidas asumidas (nota 14 para ingresar a un pedagógico y ahora el tercio superior) no tocan en absoluto a las instancias formadoras ni las comprometen a mejorar.
Como tercer punto está la perspectiva de la carrera de educación. ¿ Qué pasará ahora con la postulación ?, ¿ Los jóvenes talentosos desearán estudiar esta carrera cuando de antemano se sabe que solo unos pocos podrán acceder a una plaza en el sector público ?. Pensamos que con este decreto todos terminarán de espantarse de la carrera pedagógica. Ahora se sumará al bajo prestigio de la profesión docente la discriminación, el maltrato ministerial y el determinismo según las calificaciones obtenidas. Es probable que ahora ni los buenos ni los malos deseen estudiar para ser educadores. Es probable que se produzcan una serie de efectos perversos, irregularidades y “trampitas” ya harto conocidas si es que no se deroga este decreto supremo. Lo que si nos queda claro es que este decreto solo discrimina y no ofrece alcance alguno para mejorar la calidad de las facultades de educación e institutos pedagógicos. Tampoco este decreto se constituye en aliciente para tener un mejor despliegue en las aulas.
Al parecer el Ministerio de Educación y el Gobierno actual siguen viendo de manera simplista el problema docente. Desean mejorar – eso dicen – pero no tienen ningún programa integral que optimice la formación inicial, las capacitaciones y la gestión institucional a fin de alinearla al desarrollo profesional de los maestros. Pareciera ser que las diferentes medidas adoptadas hasta la fecha tienen como intención desmantelar los centros de formación, desmotivar al personal docente, tener concursos más baratos (pues con este decreto se presentarán menos) y terminar de una vez con la desprofesionalización de esta carrera tan necesaria para el desarrollo nacional. ¿Qué es lo que pasa en el MED y en el gobierno?, ¿hasta cuándo esperaremos por medidas inteligentes, integrales y comprometidas con la calidad?, ¿cuándo terminará el ataque al magisterio?, ¿cuándo existirá un pensamiento coherente para enfrentar los problemas educativos motivando el concurso de todos?.
3 comentarios:
Iván, concuerdo plenamente con tus comentarios y preguntas finales para los que creo que se deberían ensayar algunas respuestas inteligentes, no tanto desde una postura reactiva, aunque es inevitable ello, pues parece que los temas como este y que datan desde que se hicieron los anuncios para evaluar profesores. Percibo que no sólo no estamos teniendo capacidad de respuesta, sino tampoco se han tenido iniciativas formales y difundidas, es decir, salvo que esté desinformado, pero no he escuchado a alguna institución educativa, sea pública o privada hacer público(al menos en su propio entorno) que mustre resultados de una autoevaluación institucional permanente(no sólo del desempeño de los docentes o de los alumnos)que incluya un plan de mejora continua o algo parecido, "otros" toman la iniciativa. Realmente el problema es complejo y debe ser atacado con medidas integrales de consenso, escuchando a los entendidos en el tema, y no dando normas primero, sino normando aquello que inteligentemente pueda construirse con los agentes y actores de la educación, en los diferentes espacios y niveles de decisión, lamentablemente se sigue teniendo una mirada autoritaria de arriba hacia abajo, es decir de normar y exigir que la norma se cumpla. Está claro que la manera de hacer política educativa corresponde al enfoque bucrático, ni siquiera tecnocrático. En un contexto como el nuestro el enfoque debe ser comunicacional, es decir ampliamente participativo, lo normativo es al final, ello compromete más.
Iván, concuerdo plenamente con tus comentarios y preguntas finales para los que creo que se deberían ensayar algunas respuestas inteligentes, no tanto desde una postura reactiva, aunque es inevitable ello, pues parece que los temas como este y que datan desde que se hicieron los anuncios para evaluar profesores. Percibo que no sólo no estamos teniendo capacidad de respuesta, sino tampoco se han tenido iniciativas formales y difundidas, es decir, salvo que esté desinformado, pero no he escuchado a alguna institución educativa, sea pública o privada hacer público(al menos en su propio entorno) que mustre resultados de una autoevaluación institucional permanente(no sólo del desempeño de los docentes o de los alumnos)que incluya un plan de mejora continua o algo parecido, "otros" toman la iniciativa. Realmente el problema es complejo y debe ser atacado con medidas integrales de consenso, escuchando a los entendidos en el tema, y no dando normas primero, sino normando aquello que inteligentemente pueda construirse con los agentes y actores de la educación, en los diferentes espacios y niveles de decisión, lamentablemente se sigue teniendo una mirada autoritaria de arriba hacia abajo, es decir de normar y exigir que la norma se cumpla. Está claro que la manera de hacer política educativa corresponde al enfoque bucrático, ni siquiera tecnocrático. En un contexto como el nuestro el enfoque debe ser comunicacional, es decir ampliamente participativo, lo normativo es al final, ello compromete más.
Raúl Jáuregui Mercado
No pertenezco al tercio superior de una de las tantas promociones de la facultad de educación de la Unifé, eso significa que no soy apta para enseñar? y para qué me sirven mis años de experiencia y la maestría que hice en el extranjero?
Es más, acaso el ministro de educación, Chan, pertenece al tercio de su promoción.... y ocupa nada más y nada menos que un ministerio, qué irónica es la vida.
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