domingo 30 de septiembre de 2007

Laura Bozzo: ¿Nuestra embajadora cultural en Latinoamérica ?


Iván Montes Iturrizaga (*)

Durante el año 2006 tuve la oportunidad de viajar por algunas ciudades latinoamericanas en diversas misiones representando a mi Universidad. La última de ellas a la bella y siempre amable ciudad de Medellín en Colombia. Ahí me pasó algo curioso. Luego de algunos días mucha gente – ya más en confianza - empezó a preguntarme sobre Laura Bozzo y su programa que se irradiaba a través de la cadena TELEMUNDO y que algunas televisoras aún repiten sin cesar. Me preguntaban ¿Haces polladas en tu casa?, ¿Realmente los hombres en el Perú tienen 2 ó 3 mujeres? E incluso una persona que muy pensativa me miraba exclamó “pensé que en tu país las personas no tenían dientes y tú los tienes completos”. Estas y otras preguntas se repetían constantemente a lo largo de los días. Lejos de molestarme preferí expresar con algo de diplomacia que tenía la impresión de que ese programa tenía algo “arreglado”. Todo esto, sin dejar de reconocer que los casos que se presentan en cierta medida reflejan realidades que existen tanto en el Perú como en otros países.

Reparé luego de que estas mismas preguntas por la mencionada conductora y su programa se habían repetido meses atrás en Panamá, Chile, Guatemala y Argentina. Llegué entonces a la penosa conclusión de que Laura Bozzo era un referente “cultural” de nuestro país. Comprendí que un programa que hace unos pocos años acaparaba la sintonía televisiva del Perú como cortina de humo era ahora sintonizado internacionalmente como un referente para entender nuestra identidad. Una especie de cristal empañado que nos retrata exageradamente del lado más feo, del lado menos representativo y sin ofrecer al menos una mezquina dosis de lo bueno que tenemos.

Me preguntaba también sobre qué hacer al respecto. Lo que primero que descarté fue plegarme a las presiones e insinuaciones por sacar del aire a este programa de la cartilla televisiva de América Latina. Creo que sería lo peor asumir esta bandera. Personalmente, considero que este programa de la Sra. Bozzo no tendría tanto impacto distorsionador si es que nuestro país tuviera una política internacional de difusión cultural asertiva, permanente y agresiva interesada en promocionar lo peruano a través de nuestras embajadas, los medios de comunicación del Estado y la prensa seria de América Latina. Quien sabe lo único bueno de este programa, irradiador del estereotipo peruano del siglo XXI, es que ha puesto de manifiesto la débil presencia cultural del Perú en el extranjero. No es que sienta vergüenza de las polladas de solidaridad que abundan en nuestro país. La principal preocupación que me embarga es evidenciar que este programa se burla de los pobres y estigmatiza internacionalmente a los peruanos como indolentes, irresponsables, peleones, alcohólicos y presos de primitivas reacciones.

Reitero que la solución no pasa por la prohibición de este programa. Es necesario que se geste en nuestro país una verdadera política educativa interna preocupada por difundir el amor a lo nuestro, a nuestra cultura, a nuestra forma de ser, a nuestros valores y a la riqueza espiritual que nos identifica. Paralelamente, y sobre la base de esta política interna, haría falta consolidar un canal del Estado con programación de calidad capaz de interesar a las empresas internacionales que ofrecen la señal por cable. Soy un convencido de que la educación integral de la persona humana y la promoción cultural es la clave para solucionar este y otros miles de problemas más nos aquejan. Y en esto todos tenemos el deber de convertirnos en verdaderos embajadores internos y externos de nuestro país. No sintamos vergüenza de hablar de nuestro folklore, de nuestras comidas típicas, de nuestros pueblos, de las festividades que nos congregan, de nuestra identidad mestiza, de nuestro pasado, de nuestro presente y de nuestros valores. Todos somos responsables de la imagen de nuestro país. De no asumir esta responsabilidad, el programa de la Sra. Bozzo, seguirá siendo una de las vías preferidas en América Latina para comprender de manera distorsionada nuestra esencia como peruanos. El problema no lo tiene este programa, sino más bien, nuestra falta de asertividad para mostrar lo que realmente valemos.