Publicado en la Revista Signo, Mes de Julio – Consorcio de Centros Educativos Católicos del Perú.
Psicología educacional: delimitación disciplinar y tensiones
Psicología educacional: delimitación disciplinar y tensiones
derivadas del constructivismo radical
Parte I
Iván Montes Iturrizaga
Hoy en día la psicología educacional se ha transformado de manera considerable a tal punto de ser considerada como una de las disciplinas dominantes al interior de las ciencias de la educación. Asimismo, y dado lo anterior, los estudios de psicología —y la posterior especialización en psicología escolar o educacional— constituyen una de las opciones predilectas para los educadores interesados en desarrollar estrategias de movilidad individual, orientadas a la búsqueda de mayor status al interior del sistema educativo.
Este auge no hubiera sido posible gracias a la difusión y posterior aplicación de las realizaciones de Jean Piaget, Lev Vigotsky, David Ausubel, Benjamín Bloom y del propio Robert Gagné, entre otros. Tenemos así que estos y otros autores son tan familiares en la formación del profesorado y en los ministerios —o secretarías— de educación dada su importancia en el diseño e implementación de las reformas educativas de los últimos 30 años. De manera especial, en América Latina, se vislumbró con mayor nitidez el aporte de la psicología educacional en las reformas de la década de los ’70 en los renovados programas de la educación infantil, parvularia o preescolar que adquirieron gran prestancia debido a la aplicación de principios piagetanos y neopiagetanos como respuesta a los enfoques predominantemente conductistas de la época. Sin embargo, y a diferencia de lo que se afirma desde muchos ministerios de educación de la Región, estos nuevos aportes no han implicado la desaparición de los anteriores modelos o paradigmas, sino más bien, se ha producido una síntesis donde se asume lo relevante y se deja de lado lo que se estima como superado u optimizado. Así por ejemplo, la manera de hacer las actuales programaciones de carácter constructivista siguen en gran medida los postulados de Bloom y Gagné a pesar de su antigüedad.
De todos modos, podríamos reconocer que en las reformas de los últimos 15 años se han incorporado nociones tales como: “aprendizaje significativo”, “mediación”, “pre-requisitos”, “evaluación diagnóstica”, “currículo por competencias”, “aprender a aprender”, “diseño curricular”, “inteligencia emocional”, “inteligencias múltiples” y “construcción del conocimiento”, entre otros. Al final, los vocablos citados corresponden a realizaciones de psicólogos educacionales que con sus aportes vienen cambiando la faz de los sistemas educativos en pro de una aproximación pedagógica más cercana, relevante y orientada fundamentalmente a desempeños de especial significado personal y social.
La psicología educacional y las ciencias de la educación
Un cambio trascendental en el ámbito educacional es el surgimiento de las ciencias de la educación como posibilidad a plantear el estudio sistemático de los fenómenos que trascurren en los entornos escolares. Se comprendió que el discurso pedagógico, por ser prescriptivo —pautar el “cómo hacer”— no podría constituirse en el marco de referencia para sentar las bases para que los fenómenos educacionales sean investigados científicamente. Asimismo, la pretención por crear una ciencia de la educación (en singular) que explique los fenómenos educacionales fue desestimada en la década de los ’80 de los espacios académicos.
Es probable, y siguiendo a Giles Ferry, que una sola ciencia no pueda tener todas las respuestas como para erigirse como la ciencia de la educación. De ahí, que ante esa complejidad, se han desarrollado al interior de ciencias ya consolidadas, disciplinas y áreas de especialización que tienen como objeto los fenómenos educacionales. Tal es así que tenemos a la filosofía de la educación, la historia de la educación, la economía de la educación, la antropología de la educación, la educación comparada y la psicología de la educación, entre muchas otras. Viendo las cosas así, tenemos que las ciencias de la educación son todas las ciencias y disciplinas altamente especializadas que estudian científicamente e intervienen en la optimización de los sistemas educativos.
Estos cambios de carácter epistemológico nos hacen ver por ejemplo que las tesis para obtener la licenciatura en educación se plantean desde una de las ciencias de la educación y no tanto desde la pedagogía. Cabe señalar que antiguamente las investigaciones para obtener el título eran propuestas, prescripciones y modos de actuación muy concretos pero que no llegaban a constituir aproximaciones científicas por el simple hecho de no abocarse al estudio sistemático de algo. Por otro lado, el auge de las ciencias de la educación ha trastocado en gran medida la manera en que se encara la formación inicial de los maestros. Hoy en día hay una fuerte intención de que los educadores investiguen y tomen decisiones profesionales a la luz de las diferentes ciencias de la educación. Asimismo, se enseñan los diferentes ámbitos disciplinares durante la formación de los maestros. Al final de cuentas, se espera que los maestros tengan una sólida formación que les permita investigar —o al menos pensar con rigor— y actuar de cara a alcances tecnológicos que también emanan de estas ciencias de la educación.
Todo esto ha condicionado en muchos países desarrollados el cambio en la denominación de las facultades donde se forman a los maestros. Hemos pasado de tener facultades de educación o pedagogía a facultades de ciencias de la educación. Sin embargo, en el Perú —y en muchos países de la región— el cambio de nombre se ha dado, pero en la práctica las ciencias de la educación no tienen mayor presencia. Todavía se sigue concibiendo al maestro como un técnico que debe de moverse sin mayores fundamentos teóricos y aprendiendo modos de actuación o recetas relativamente eficaces. Muestra de ello es que muchas veces las entidades que promocionan cursos para educadores incluyen sus estrategias de marketing: «curso 80% práctico 20% teórico». O también, es fácil percibir que muchos maestros prefieren los cursos eminentemente prácticos y relegan los espacios con fuerte contenido teórico. Es más, uno de los argumentos para descalificar a un expositor o conferencista en el ámbito de la educación es decir que «esta persona es teórica». De hecho que la adopción del constructivismo radical en el Perú trajo consigo también como consecuencia el desprestigio de la teoría o al menos el considerarla como algo no tan imprescindible para los espacios de capacitación.
Dentro de este panorama de las ciencias de la educación, la psicología educacional tiene hoy en día un lugar protagónico y hegemónico en los contenidos que vertebran la malla curricular para formar maestros (más de las dos terceras partes de los cursos tienen directamente relación con esta disciplina o al menos con otras áreas de la psicología). También, las reformas curriculares a partir de los años ’70 del siglo pasado, se han inspirado en gran medida en los alcances e influjos de la psicología educacional. De todos modos, las otras ciencias de la educación tienen una importante presencia y siguen siendo imprescindibles para comprender los fenómenos educacionales en su real magnitud.
Psicología educacional y psicología escolar
Es notorio que hoy en día se usan indistintamente los apelativos de psicología educacional y psicología escolar como si fueran la misma cosa. En este caso no podemos negar que ambas disciplinas —que forman parte de las ciencias de la educación— se encuentran estrechamente relacionadas y en muchos casos comparten métodos, teorías y formas de aproximación. También, en la práctica tenemos psicólogos educacionales que suelen ejercer por momentos acciones que son propias de los psicólogos escolares y viceversa. Ante esto podríamos plantearnos si vale la pena hacer una distinción o al menos delimitar en cierta medida los ámbitos de cada una de estas disciplinas. Pensamos que sí.
La psicología educacional, menos difundida en el Perú se aboca principalmente a trabajar a nivel del sistema educativo, centros de investigación e instituciones educativas de cualquier nivel. Se interesa por asuntos que normalmente son abordados por educadores como el currículo, el desarrollo de estándares de aprendizaje, el diseño de espacios de capacitación, los textos, la planificación de aula, la evaluación y los métodos para enseñar determinados contenidos, entre otros. De alguna manera el psicólogo educacional se convierte en un consultor o en un líder en caso de que tenga algún cargo en una determinada entidad. En síntesis trabaja e investiga directamente en temas que son cruciales para el avance del sistema educativo en su conjunto. Rara vez el psicólogo educacional tiene un consultorio o se aboca al tratamiento de niños o adultos con dificultades emocionales y/o cognitivas. También, y a pesar de que la gran mayoría de las realizaciones contemporáneas en materia escolar son obras de psicólogos educacionales, los maestros suelen tener resistencias cuando un psicólogo muestra interés por las temáticas mencionadas al inicio de este párrafo. Esto en cierta medida se justifica por la escasa formación que acontece en este campo en la formación del psicólogo.
La psicología escolar tiene como ámbito de proyección profesional predilecto a los educandos como personas que precisan algún tipo de ayuda o facilitación. Los psicólogos escolares son en su gran mayoría los que se forman en las escuelas o facultades de psicología y también en las maestrías a pesar de que se denominen en psicología educacional. En cuanto al plano investigativo, comparte objetos de estudio con los psicólogos educacionales pero sin entrar mayormente a los ámbitos vinculados con el currículo, la evaluación de los aprendizajes y los procesos de pensamiento docente que explican aproximaciones diferenciadas al momento de planificar y enseñar. Es probable que en este ámbito los psicólogos escolares se estén orientando a investigar temas asociados con la inteligencia emocional, la asertividad, el aprendizaje significativo y la autoestima, entre otros.
En cuanto a la demanda se percibe con claridad que las escuelas o colegios, institutos y universidades, contratan a psicólogos escolares para desarrollar importantes despliegues a favor de los alumnos. Pero aún no es una práctica frecuente encontrar instituciones educativas que contraten a un psicólogo educacional para que colabore con los educadores en diseñar y conducir el acontecer pedagógico de la institución.
Aquí el problema no es que tanto psicólogos educacionales y escolares compartan muchos despliegues y objetos de estudio, sino más bien, incidir para que la formación de pre y postgrado incluya asignaturas que contribuyan a que el psicólogo con vocación por el ámbito educativo —más aún si desea ser educacional— adquiera saberes para colaborar con solvencia en la optimización de los sistemas e instituciones.
Específicamente, en la formación de los futuros psicólogos educacionales, será imprescindible que tengan clara conciencia de la historia de su disciplina, de su objeto de estudio, de sus ámbitos de acción y de las técnicas más usadas. César Coll Salvador a finales de los años ’80 consideró que la psicología educacional no es la psicología aplicada a la educación, sino más bien, una “disciplina puente” entre psicología y el mundo educativo. Epistemológicamente esto tiene muchas implicancias. En primer lugar, el comprender que la psicología educacional ha desarrollado teorías especiales que no corresponden a la psicología general, sino que han implicado el nacimiento de un ámbito “puente” altamente diferenciado y a la vez relacionado, tanto con la psicología como con la educación. Muestra de ello es por ejemplo que la psicología educacional no se fundamenta mayormente en la psicología del aprendizaje animal sino en la psicología del aprendizaje humano. También, será importante que los psicólogos educacionales en formación se involucren con los dinamismos institucionales, pedagógicos e históricos del sistema educativo a fin de que hablen el mismo lenguaje con los maestros. Cabe recordar una vez más que la gran mayoría de realizaciones, terminologías y dimensiones pedagógicas de cualquier institución escolar corresponden a realizaciones de autores que eran y se identificaban como psicólogos educacionales.
Parte I
Iván Montes Iturrizaga
Hoy en día la psicología educacional se ha transformado de manera considerable a tal punto de ser considerada como una de las disciplinas dominantes al interior de las ciencias de la educación. Asimismo, y dado lo anterior, los estudios de psicología —y la posterior especialización en psicología escolar o educacional— constituyen una de las opciones predilectas para los educadores interesados en desarrollar estrategias de movilidad individual, orientadas a la búsqueda de mayor status al interior del sistema educativo.
Este auge no hubiera sido posible gracias a la difusión y posterior aplicación de las realizaciones de Jean Piaget, Lev Vigotsky, David Ausubel, Benjamín Bloom y del propio Robert Gagné, entre otros. Tenemos así que estos y otros autores son tan familiares en la formación del profesorado y en los ministerios —o secretarías— de educación dada su importancia en el diseño e implementación de las reformas educativas de los últimos 30 años. De manera especial, en América Latina, se vislumbró con mayor nitidez el aporte de la psicología educacional en las reformas de la década de los ’70 en los renovados programas de la educación infantil, parvularia o preescolar que adquirieron gran prestancia debido a la aplicación de principios piagetanos y neopiagetanos como respuesta a los enfoques predominantemente conductistas de la época. Sin embargo, y a diferencia de lo que se afirma desde muchos ministerios de educación de la Región, estos nuevos aportes no han implicado la desaparición de los anteriores modelos o paradigmas, sino más bien, se ha producido una síntesis donde se asume lo relevante y se deja de lado lo que se estima como superado u optimizado. Así por ejemplo, la manera de hacer las actuales programaciones de carácter constructivista siguen en gran medida los postulados de Bloom y Gagné a pesar de su antigüedad.
De todos modos, podríamos reconocer que en las reformas de los últimos 15 años se han incorporado nociones tales como: “aprendizaje significativo”, “mediación”, “pre-requisitos”, “evaluación diagnóstica”, “currículo por competencias”, “aprender a aprender”, “diseño curricular”, “inteligencia emocional”, “inteligencias múltiples” y “construcción del conocimiento”, entre otros. Al final, los vocablos citados corresponden a realizaciones de psicólogos educacionales que con sus aportes vienen cambiando la faz de los sistemas educativos en pro de una aproximación pedagógica más cercana, relevante y orientada fundamentalmente a desempeños de especial significado personal y social.
La psicología educacional y las ciencias de la educación
Un cambio trascendental en el ámbito educacional es el surgimiento de las ciencias de la educación como posibilidad a plantear el estudio sistemático de los fenómenos que trascurren en los entornos escolares. Se comprendió que el discurso pedagógico, por ser prescriptivo —pautar el “cómo hacer”— no podría constituirse en el marco de referencia para sentar las bases para que los fenómenos educacionales sean investigados científicamente. Asimismo, la pretención por crear una ciencia de la educación (en singular) que explique los fenómenos educacionales fue desestimada en la década de los ’80 de los espacios académicos.
Es probable, y siguiendo a Giles Ferry, que una sola ciencia no pueda tener todas las respuestas como para erigirse como la ciencia de la educación. De ahí, que ante esa complejidad, se han desarrollado al interior de ciencias ya consolidadas, disciplinas y áreas de especialización que tienen como objeto los fenómenos educacionales. Tal es así que tenemos a la filosofía de la educación, la historia de la educación, la economía de la educación, la antropología de la educación, la educación comparada y la psicología de la educación, entre muchas otras. Viendo las cosas así, tenemos que las ciencias de la educación son todas las ciencias y disciplinas altamente especializadas que estudian científicamente e intervienen en la optimización de los sistemas educativos.
Estos cambios de carácter epistemológico nos hacen ver por ejemplo que las tesis para obtener la licenciatura en educación se plantean desde una de las ciencias de la educación y no tanto desde la pedagogía. Cabe señalar que antiguamente las investigaciones para obtener el título eran propuestas, prescripciones y modos de actuación muy concretos pero que no llegaban a constituir aproximaciones científicas por el simple hecho de no abocarse al estudio sistemático de algo. Por otro lado, el auge de las ciencias de la educación ha trastocado en gran medida la manera en que se encara la formación inicial de los maestros. Hoy en día hay una fuerte intención de que los educadores investiguen y tomen decisiones profesionales a la luz de las diferentes ciencias de la educación. Asimismo, se enseñan los diferentes ámbitos disciplinares durante la formación de los maestros. Al final de cuentas, se espera que los maestros tengan una sólida formación que les permita investigar —o al menos pensar con rigor— y actuar de cara a alcances tecnológicos que también emanan de estas ciencias de la educación.
Todo esto ha condicionado en muchos países desarrollados el cambio en la denominación de las facultades donde se forman a los maestros. Hemos pasado de tener facultades de educación o pedagogía a facultades de ciencias de la educación. Sin embargo, en el Perú —y en muchos países de la región— el cambio de nombre se ha dado, pero en la práctica las ciencias de la educación no tienen mayor presencia. Todavía se sigue concibiendo al maestro como un técnico que debe de moverse sin mayores fundamentos teóricos y aprendiendo modos de actuación o recetas relativamente eficaces. Muestra de ello es que muchas veces las entidades que promocionan cursos para educadores incluyen sus estrategias de marketing: «curso 80% práctico 20% teórico». O también, es fácil percibir que muchos maestros prefieren los cursos eminentemente prácticos y relegan los espacios con fuerte contenido teórico. Es más, uno de los argumentos para descalificar a un expositor o conferencista en el ámbito de la educación es decir que «esta persona es teórica». De hecho que la adopción del constructivismo radical en el Perú trajo consigo también como consecuencia el desprestigio de la teoría o al menos el considerarla como algo no tan imprescindible para los espacios de capacitación.
Dentro de este panorama de las ciencias de la educación, la psicología educacional tiene hoy en día un lugar protagónico y hegemónico en los contenidos que vertebran la malla curricular para formar maestros (más de las dos terceras partes de los cursos tienen directamente relación con esta disciplina o al menos con otras áreas de la psicología). También, las reformas curriculares a partir de los años ’70 del siglo pasado, se han inspirado en gran medida en los alcances e influjos de la psicología educacional. De todos modos, las otras ciencias de la educación tienen una importante presencia y siguen siendo imprescindibles para comprender los fenómenos educacionales en su real magnitud.
Psicología educacional y psicología escolar
Es notorio que hoy en día se usan indistintamente los apelativos de psicología educacional y psicología escolar como si fueran la misma cosa. En este caso no podemos negar que ambas disciplinas —que forman parte de las ciencias de la educación— se encuentran estrechamente relacionadas y en muchos casos comparten métodos, teorías y formas de aproximación. También, en la práctica tenemos psicólogos educacionales que suelen ejercer por momentos acciones que son propias de los psicólogos escolares y viceversa. Ante esto podríamos plantearnos si vale la pena hacer una distinción o al menos delimitar en cierta medida los ámbitos de cada una de estas disciplinas. Pensamos que sí.
La psicología educacional, menos difundida en el Perú se aboca principalmente a trabajar a nivel del sistema educativo, centros de investigación e instituciones educativas de cualquier nivel. Se interesa por asuntos que normalmente son abordados por educadores como el currículo, el desarrollo de estándares de aprendizaje, el diseño de espacios de capacitación, los textos, la planificación de aula, la evaluación y los métodos para enseñar determinados contenidos, entre otros. De alguna manera el psicólogo educacional se convierte en un consultor o en un líder en caso de que tenga algún cargo en una determinada entidad. En síntesis trabaja e investiga directamente en temas que son cruciales para el avance del sistema educativo en su conjunto. Rara vez el psicólogo educacional tiene un consultorio o se aboca al tratamiento de niños o adultos con dificultades emocionales y/o cognitivas. También, y a pesar de que la gran mayoría de las realizaciones contemporáneas en materia escolar son obras de psicólogos educacionales, los maestros suelen tener resistencias cuando un psicólogo muestra interés por las temáticas mencionadas al inicio de este párrafo. Esto en cierta medida se justifica por la escasa formación que acontece en este campo en la formación del psicólogo.
La psicología escolar tiene como ámbito de proyección profesional predilecto a los educandos como personas que precisan algún tipo de ayuda o facilitación. Los psicólogos escolares son en su gran mayoría los que se forman en las escuelas o facultades de psicología y también en las maestrías a pesar de que se denominen en psicología educacional. En cuanto al plano investigativo, comparte objetos de estudio con los psicólogos educacionales pero sin entrar mayormente a los ámbitos vinculados con el currículo, la evaluación de los aprendizajes y los procesos de pensamiento docente que explican aproximaciones diferenciadas al momento de planificar y enseñar. Es probable que en este ámbito los psicólogos escolares se estén orientando a investigar temas asociados con la inteligencia emocional, la asertividad, el aprendizaje significativo y la autoestima, entre otros.
En cuanto a la demanda se percibe con claridad que las escuelas o colegios, institutos y universidades, contratan a psicólogos escolares para desarrollar importantes despliegues a favor de los alumnos. Pero aún no es una práctica frecuente encontrar instituciones educativas que contraten a un psicólogo educacional para que colabore con los educadores en diseñar y conducir el acontecer pedagógico de la institución.
Aquí el problema no es que tanto psicólogos educacionales y escolares compartan muchos despliegues y objetos de estudio, sino más bien, incidir para que la formación de pre y postgrado incluya asignaturas que contribuyan a que el psicólogo con vocación por el ámbito educativo —más aún si desea ser educacional— adquiera saberes para colaborar con solvencia en la optimización de los sistemas e instituciones.
Específicamente, en la formación de los futuros psicólogos educacionales, será imprescindible que tengan clara conciencia de la historia de su disciplina, de su objeto de estudio, de sus ámbitos de acción y de las técnicas más usadas. César Coll Salvador a finales de los años ’80 consideró que la psicología educacional no es la psicología aplicada a la educación, sino más bien, una “disciplina puente” entre psicología y el mundo educativo. Epistemológicamente esto tiene muchas implicancias. En primer lugar, el comprender que la psicología educacional ha desarrollado teorías especiales que no corresponden a la psicología general, sino que han implicado el nacimiento de un ámbito “puente” altamente diferenciado y a la vez relacionado, tanto con la psicología como con la educación. Muestra de ello es por ejemplo que la psicología educacional no se fundamenta mayormente en la psicología del aprendizaje animal sino en la psicología del aprendizaje humano. También, será importante que los psicólogos educacionales en formación se involucren con los dinamismos institucionales, pedagógicos e históricos del sistema educativo a fin de que hablen el mismo lenguaje con los maestros. Cabe recordar una vez más que la gran mayoría de realizaciones, terminologías y dimensiones pedagógicas de cualquier institución escolar corresponden a realizaciones de autores que eran y se identificaban como psicólogos educacionales.
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