domingo 8 de abril de 2007

Artículo de Revista - ¿ Es posible tomar buenas decisiones ? el caso de la evaluación de profesores

¿Es posible tomar buenas decisiones con información poco relevante?: El caso de la evaluación de profesores
Iván Montes Iturrizaga
(Publicado en la Revista Signo Educativo, Enero de 2007 y en el Diario El Pueblo)
La tan anunciada prueba para profesores se postergó en un primer momento debido a que manos extrañas se encargaron de filtrarla a los dirigentes del SUTEP y al magisterio en general a través de la Web. También, se tuvo conocimiento de que en algunos lugares del Perú se estaba vendiendo el cuadernillo de preguntas al módico precio de 150 nuevos soles. En este panorama algunos políticos han venido instando a que el gobierno imponga su autoridad para que se tome la prueba en el mes de enero de 2007. Por su parte, el sindicato clamó por que se aplace todo el proceso cuando semanas atrás pedía solo una postergación.
Al final, toda esta tensión se centró en lo policial (¿quién se robo la prueba?) y en fijar una nueva fecha a la suministración de los instrumentos. Al final, se tomó la prueba sin una seria reflexión en torno a su calidad y pertinencia como insumo relevante que permita repensar nuestras políticas con respecto al profesorado peruano.
Ahora bien, si atendemos a este proceso no habría que pensar mucho para afirmar que ha sido apresurado y conducido con una gran cantidad de problemas técnicos y conceptuales. Para comenzar, el propio Ministerio de Educación (MED) no ha reflexionado sobre lo que es para ellos un buen docente y por ende supone erróneamente que un examen del tipo admisión a la universidad ofrecerá información valiosa para asumir medidas consistentes. Se creería además que con un examen para marcar se podrían inferir las competencias que tendrían que ser reforzadas a través de la capacitación o la formación inicial. O más aún, se concibe que una prueba censal (que se aplica al 100 % de los docentes) es una inversión que vale la pena para tener un diagnóstico preciso de lo que pasa con nuestros maestros. Todos estos supuestos serían indicadores de que el MED no habría convocado a verdaderos expertos en el tema para diseñar este proceso.
También es probable que el MED, ante la premura, haya echado mano al trillado modelo de evaluación que practica en sus concursos para plazas docentes y que supone que un buen educador es aquel que: conoce la jerga del “nuevo enfoque”; se sabe de memoria las normas del sector; y responde una serie de preguntas con respecto a lo que “debe de hacer” un docente en determinadas situaciones. Este panorama empeora cuando se insiste en usar solamente ítemes de selección de respuesta cuando se sabe las limitaciones de este formato como para ofrecer insumos significativos que permitan aproximarnos a la calidad de nuestros profesores. Más aún, estas pruebas tan poco significativas (y que se antepone a todo el discurso oficial de la evaluación criterial) es susceptible a la preparación mecanizada ya sea con balotarios, academias y seminarios intensivos. Con esta realidad es muy probable que un profesor poco competente en lo pedagógico obtenga los más altos puntajes en esta prueba gracias a un proceso de preparación. Estas academias para la prueba docente ya existen desde que se anunció el proceso y ninguna de ellas se orienta a la optimización de las habilidades docentes como enseñar, planificar, evaluar y propiciar buenos aprendizajes. Estos centros de preparación (muchos de ellos dirigidos por especialistas del sector) no asumen un rol formativo por la sencilla razón de que el MED no evaluará realmente competencias docentes, sino más bien, conocimientos y opiniones sobre lo que se “debe hacer”.
Tampoco se vaya a pensar que una prueba de selección de respuesta no tendría sentido en un proceso de este tipo. Una prueba de selección de respuesta sería bastante útil para explorar los conocimientos que tienen los profesores sobre los cursos que imparten. Sin embargo, para que esta prueba sea relevante tendría que apelar a los niveles más altos del dominio cognoscitivo como lo son el análisis, la síntesis, la aplicación y la comprensión del saber. De todos modos, la primera tarea consistiría en que el MED defina lo que considera como buen desempeño y especifique qué competencias caracterizan a un buen docente en actividad. Sobre la base de esto se podría muy bien reorientar la formación de inicial de los maestros y proponer recién una evaluación de competencias coherente con esta definición. Por tanto, los problemas del MED serían más de fondo y asociados a lo que se entiende por “evaluación”, “diagnóstico”, “prueba” y “competencias o habilidades docentes”.

Apuntes para una propuesta

En primer término, una aplicación censal no se justificaría debido a que si se desea es hacer un diagnóstico bastará con una muestra representativa a fin de usar racionalmente los recursos (más si se declaró austeridad) y evaluar con realismo las competencias de los educadores peruanos. Para ello, sería importante que se apliquen pruebas de desempeño pues son las que mejor nos pueden ilustrar sobre la competencias y habilidades docentes. Estas pruebas podrían plantear a los docentes situaciones donde tengan que planificar, elaborar una prueba o hacer un feedback ante una realización estudiantil. Asimismo, el proceso podrían contemplar el manejo de la clase, el uso de la voz y la actitud del docente al momento de establecer interacciones con sus alumnos. Cabe señalar que en una prueba de desempeño el evaluado debe de generar evidencia relevante a fin de comprender su despliegue actual o nivel de desarrollo. Por tanto, en evaluaciones de este tipo los docentes no tienen que marcar la respuestas correctas, sino más bien, generar evidencia ya sea escribiendo, hablando o desplegando conductas complejas. También, en las pruebas de desempeño los examinados tienen que ser observados en situaciones cotidianas (aula) para ver cómo se desenvuelven y desarrollan sus clases. A este esquema se podría agregar una buena prueba de selección de respuesta para explorar los conocimientos de la especialidad y otros aspectos complementarios.
Este paquete o batería de pruebas de desempeño (más las pruebas de selección de respuesta) se podría aplicar durante todo el primer semestre del año 2007 en una muestra de docentes seleccionados al azar y de diferentes lugares del Perú. También, podría ser interesante que se aplique este conjunto de instrumentos a los alumnos que están cursando el 5to año de la carrera de educación en las universidades e institutos pedagógicos. Esto último con la intención de evaluar con pertinencia los productos de la formación inicial y por ende comprender este proceso en profundidad con miras a la toma de decisiones también a este nivel.
Aquí el razonamiento es sencillo. Si queremos mejorar la calidad de los profesores tenemos que contar con información útil y que verdaderamente ilumine tanto los aspectos débiles como nuestras fortalezas. Si la evidencia no es relevante (como la que se piensa recoger con el actual diseño de prueba) de nada o muy poco servirá para mejorar la calidad del profesorado. Hay consenso en resaltar la buena intención del MED de evaluar (diagnosticar) para mejorar. Pero lamentablemente, estas loables intenciones no guardan relación con el planteamiento del proceso y el formato de prueba que ahora se desea imponer.
A continuación se ofrece una propuesta general para el proceso del 2007 donde se resalta el papel de las pruebas de desempeño y una serie de dimensiones asociadas más a las competencias docentes. Veamos:

Reflexión final
Todos estamos convencidos de la necesidad de evaluar a los profesores con fines diagnósticos y es preciso que busquemos la sanidad de esta medida por el bien del sistema educativo en general. Para ello, el SUTEP tendrá que comprender que esto es importante para conocer cómo estamos. Por su parte, el MED tendría que hacer un mea culpa y optimizar el proceso desde su concepción hasta el formato de prueba que se desea aplicar.
Aquí el problema más importante no radica en pelearnos por “ir” o “no ir” a la prueba. Lo crucial aquí es que el proceso haga uso de instrumentos pertinentes y solo los aplique anónimamente a una muestra representativa de docentes. Contamos ya con un buen número de expertos peruanos que tienen una amplia experiencia nacional e internacional en diseñar sistemas de evaluación que bien podrían ser convocados para este dar sustento teórico y técnico a lo que se desea hacer. De esta manera, el problema no se resuelve en propugnar que el gobierno haga valer su autoridad con prepotencia y someta a los profesores peruanos a un deficiente proceso evaluativo. La autoridad del gobierno, encarnada en el MED, debe de ganarse sobre la base de propuestas entendidas que motiven el respaldo pleno de todos los agentes educativos. Nada se logrará con la prepotencia ministerial que ante la falta de argumentos técnicos viene recurriendo a la presión, amenaza y a profundizar las tensiones que tienen los profesores con los padres de familia. Por su parte el SUTEP tendrá que reflexionar sobre el papel que tendría que jugar de cara a una mejora cualitativa de nuestro sistema educativo.