¿Quién es el educador líder?: Algunas claves para reconocerlos en
los entornos escolares
Iván Montes Iturrizaga
(Publicado en la Revista Signo Educativo, Abril de 2007)
De alguna manera todos los líderes educan casi todo el tiempo. Pues, al asumir un liderazgo, este no se da en el vacío sino en relación con otras personas. Nadie puede ser el líder de una cosa inanimada como una fábrica, una dependencia pública o una escuela. El líder es líder de personas que lo reconocen como tal a la luz de un conjunto de virtudes que son evidenciadas a través comportamientos, actitudes y valores.
Una de esas virtudes es el compromiso por la superación del otro, por acompañarlo en sus aprendizajes, por ofrecer a los otros nuestro saber y experiencia para que puedan beneficiarse. También, esas virtudes del líder que educa comprenden en la práctica un conjunto de actitudes como la corrección respetuosa, el respeto a la dignidad humana y la palabra de aliento en el momento preciso.
Ahora bien, si nos ubicamos en los entornos escolares percibimos que en la docencia se presenta una magnífica oportunidad para ejercer un liderazgo de trascendental importancia para el desenvolvimiento de la persona humana. En este contexto se presenta a continuación algunas cualidades o características que estarían distinguiendo a los educadores líderes.
Educa con el ejemplo, pues en sus actos ofrece el mejor testimonio de compromiso y preocupación constante por sus alumnos. En este caso, el ejemplo del líder en los entornos escolares educación puede llegar a calar más hondo que miles de palabras acerca de cómo deben ser las cosas. No por esto queremos decir que los discursos no tengan algún sentido, sino más bien, resaltar que el discurso sin acción comprometida se torna infértil.
Educa gracias a una actitud verdadera hacia la enseñanza, pues considera que su misión como profesor no es pasar las materias o contenidos para después ver quiénes aprueban. Un educador líder asume que debe de perseguir que todos sus alumnos (o casi todos) lleguen a dominar los contenidos – capacidades propuestas. Este quizá sea el camino más difícil, pero es sin duda, es el que imprime en los educandos la percepción de que los estamos acompañando y que nos interesan como personas. En este punto es probable que muchos recordemos con más aprecio a aquellos profesores que se preocuparon más por nosotros, que no escatimaron en ofrecer su ayuda fuera del aula y que siempre estuvieron pendientes de los avances en su materia.
El educador líder evalúa a sus alumnos, pues asume que su tarea consiste en procurar que todos dominen los contenidos propuestos. Lamentablemente, es penoso comprobar que en los diferentes niveles educativos, en especial en la educación secundaria y en la universidad, se mide a los educandos en vez de evaluarlos. Precisemos algunos conceptos: decimos que el docente mide cuando se circunscribe a pasar un conjunto de pruebas al final de un proceso de enseñanza para determinar quiénes aprobaron y quienes no. En este caso, no es de mayor preocupación que el 60 ó 70 % de los alumnos haya salido desaprobado pues el profesor siente que fue responsable en pasar su asignatura y que los alumnos por su lado tenían la obligación de estudiar. En cambio, un docente evalúa si tiene una actitud constante por saber cómo avanza el proceso de aprendizaje de sus alumnos. Para ello, conversa, indaga y analiza los resultados de los exámenes. Pero sobretodo, ejerce una actitud constante por optimizar sus propios métodos de enseñanza como las estrategias de aprendizaje de sus alumnos.
El educador líder corrige con respeto al alumno, sin afectar su autoestima, sin burlarse del menos hábil. El líder que educa es capaz de rescatar siempre lo bueno de una desafortunada realización. El líder que educa corrige con una preocupación auténtica por el alumno y por consiguiente no lo descalifica ni lo humilla públicamente. El educador líder sabe muy bien que la mejor forma de propiciar cambios importantes es con el aliento, la promoción de la persona y con una actitud fraterna.
El educador líder es proactivo en su perfeccionamiento personal y profesional, pues sabe bien que tendrá que seguir aprendiendo durante toda su vida. Para ello, se preocupa por adquirir conocimientos actualizados y por mejorar como persona. El educador líder se siente siempre un aprendiz de la vida. Aprende de todos, incluso aprende de sus alumnos cosas tan valiosas que se siente orgulloso por ello. De esta manera, sería una contradicción catalogar de líder a una persona que considera que lo sabe todo, y que por tanto, ya no tiene nada más que aprender. El educador líder es siempre modesto con el conocimiento y reverente ante la verdad que va descubriendo cada día. Esta cualidad también es forjadora de líderes al interior de las instituciones educativas.
El educador líder tiene sentido del humor y ofrece confianza, pues se siente ser humano tal y como cualquiera de sus alumnos. Asimismo, el educador líder sabe muy bien que en un contexto solemne y gris no se llegará a encender la motivación por el estudio. En este caso, el sentido del humor no es algo para las reuniones con nuestros pares sino más bien un estado de apertura a la sonrisa y a la alegría con nuestros alumnos. Personalmente, considero que hasta el aprendizaje más abstracto y difícil de asimilar es posible de ser enseñado en un clima de confianza donde los espacios para la amenidad, las anécdotas o la simple alegría por el surgimiento de una situación jocosa constituyen condiciones óptimas para aprender. Por otro lado, la confianza entendida en un marco de respeto mutuo tiende los puentes apropiados para una efectiva comunicación.
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