martes 14 de julio de 2009

La biblioteca escolar y su vinculación con el proyecto educativo institucional

Fuente: Revista Educativa Signo, Año XVIII, Nº 178, Julio de 2009


La biblioteca escolar y su vinculación con el proyecto educativo institucional


Iván Montes Iturrizaga

Existe un amplio consenso con respecto a la necesidad de contar con bibliotecas al interior de las instituciones educativas. Nos queda claro también que es preciso usar algún sistema técnico para el registro y recuperación electrónica de la información (por ejemplo el Winisis de la UNESCO). Tampoco hay duda con respecto a que el acceso a las bibliotecas virtuales pronto será algo habitual en las escuelas peruanas.

Pero, a pesar de estos acuerdos técnicos, aún se puede vislumbrar algunos vacíos para integrar este importante componente (biblioteca) como parte de la tarea pedagógica. Incluso, es preocupante que para muchas instituciones educativas la biblioteca, más que una necesidad, sea un atributo que por tradición se debe de tener.

Al parecer, gran parte de los pensamientos e intencionalidades con respecto a las bibliotecas escolares estarían girando entorno a una concepción instrumentalista preocupada más por ordenar técnicamente las colecciones, revistas y materiales. Sabemos bien que no podemos dejar de lado estas cuestiones, pero tenemos que reconocer también que lo técnico y la gestión de una biblioteca tendrían que alinearse a los aspectos pedagógicos. He aquí un desafío importante y pendiente en gran parte de nuestras escuelas.

Para superar estos problemas es importante que la biblioteca sea considerada como parte de la propuesta pedagógica de cada institución. En este marco, los profesores son los llamados a jugar un rol protagónico y establecer la vinculación biblioteca - currículo. A su vez esto condicionaría un rol de bibliotecario mucho más activo y entendido en cuanto a lo que hacen los enseñantes en las aulas.

Los bibliotecarios tendrán que conocer muy bien la colección y estar en capacidad de satisfacer las necesidades de los profesores y ayudarlos a identificar los materiales más relevantes para la preparación de sus clases. En cuanto a los alumnos el bibliotecario tendrá que proponer a los maestros materiales que se ajusten a los diferentes tópicos que serán tratados a lo largo del año. De mismo modo, deberán de estar en condiciones de facilitar las indagaciones de los estudiantes de todos los niveles.

Otro de los grandes problemas es la manera en que se establecen normas para el uso de la biblioteca por parte de los alumnos. Para algunos la biblioteca está abierta en la mañana para profesores y en la tarde para los alumnos. Para otros la biblioteca debe de estar siempre a disposición de todos. Ante esto, siempre me he inclinado a concebir que la biblioteca escolar debe ser usada de la misma manera en que se accede - en la vida real- a una pública, personal o institucional. Esto significa acudir a un libro, diccionario, revista o enciclopedia en el momento en que precisamos de la información. En este sentido, los estudiantes, en sus momentos de trabajo en grupo o de su tiempo para el trabajo autónomo en el aula, pueda trasladarse libremente a la biblioteca a solicitar la ayuda del caso.

Un aporte de este aspecto lo tenemos en una gran cantidad de experiencias de educación personalizada (mayormente inspiradas en Pierre Faure y Víctor García Hoz) donde el alumno, al percibir una necesidad de información, solicita a su maestro una pequeña ficha donde se anota el contenido que será buscado, la hora de salida y la hora aproximada en la que el alumno tendrá que regresar a clases. Ya en la biblioteca, el especialista encargado estará pendiente de que el alumno alcance su propósito y regrese al aula a la hora estipulada. Con estos cuidados no habría espacio alguno para el desorden, la irresponsabilidad o para tener a los alumnos deambulando por los patios en lugar de estar en la biblioteca. Todo es cuestión de establecer políticas claras, preventivas en lo formativo e instar a que cada cual haga su parte comprometidamente.

En cuanto al trabajo con los docentes, y demás agentes de la comunidad educativa, las bibliotecas escolares tendrán que asumir un papel mucho más protagónico en la difusión de las nuevas y antiguas adquisiciones. Esto generalmente se hace a través de alertas bibliográficas, boletines virtuales y periódicos murales. También, el bibliotecario podría acudir a las aulas, a lo menos dos veces al año, para motivar y socializar a los alumnos con la colección disponible y las formas de interaccionar con esta instancia. Esta práctica también se tendría que plasmar en la relación con los maestros.

En síntesis, la biblioteca escolar tendría que constituirse en un espacio amigable, real, útil y libre para todos. La biblioteca no solo tendría que ser para los alumnos y profesores. Sería ideal que los padres de familia, los administrativos y el personal de servicio tengan un carné de lector y las facilidades para ingresar sin mayor trámite. Imaginemos por ejemplo: a un empleado de servicio interesado en conocer si un determinado componente con que se limpian las aulas es tóxico; a la “tía” del kiosco queriendo salir de una duda con respecto a si una nueva golosina es preparada con colorantes permitidos; a un administrativo que desea conocer más de estadística pues desea mejorar la presentación de sus reportes; o a un padre o madre interesados en leer algo sobre las dificultades del aprendizaje escolar. Todo esto, sería un indicador confiable de que la biblioteca está cumpliendo su razón de ser y que la comunidad educativa en su conjunto ha comprendido los beneficios de la lectura.

domingo 10 de mayo de 2009

La prueba PISA en el Perú y sus impactos no deseados en el currículo escolar



Fuente: Montes Iván (2009). La prueba PISA en el Perú y sus impactos no deseados en el currículo escolar. En: Revista Signo Educativo, Año XVIII, N° 176, Mayo de 2009



La prueba PISA en el Perú y sus impactos no deseados en el currículo escolar


Iván Montes Iturrizaga


Este año 2009 nuestro país volverá a participar en las pruebas PISA (Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes) y nuevamente la expectativa se apodera de los medios de comunicación, las autoridades del sector y la sociedad en su conjunto. Todos quieren saber si el Perú mejoró su posición con respecto a los otros países evaluados, más aún, con los resultados poco auspiciosos que tuvimos en el 2002 (últimos de 41 países). También, los investigadores educacionales y analistas políticos ven en estas pruebas un insumo importante para comprender las brechas en el ámbito internacional e identificar factores dentro y fuera de la escuela asociados a tales rendimientos.

Sin embargo, y sin restar mérito a esta necesidad de conocer nuestra situación con respecto a los otros, este proceso (PISA) no nos señalará lo que tenemos que hacer para mejorar. Tampoco nos indicará con realismo dónde están nuestros principales problemas en el sector educación. Menos aún nos ilustrará con respecto a cómo estamos frente a nuestro Diseño Curricular Nacional.

Las pruebas PISA solo nos indicarán cómo estamos con respecto a los otros países evaluados en una serie de contenidos (capacidades), que si bien son muy relevantes, no llegan a coincidir ni con el 5 % de todo lo que nuestros niños y niñas tienen que aprender en las escuelas. Por consiguiente sería un error cifrar expectativas demasiado altas con respecto a los alcances de este sistema de medición.

Pero ahora, en la aplicación del 2009 de las mencionadas pruebas, se introduce en nuestro sistema un nuevo elemento: la preparación vía en entrenamiento. En otras palabras, ya están empezando a circular manuales e indicaciones ministeriales que recomiendan dedicar algunas horas del horario escolar para un estereotipado entrenamiento, cuando en realidad, solo bastaría una sencilla familiarización con el formato de prueba. Pero este fenómeno no es solo peruano ya que en España, México y otros países existen materiales diversos para “mejorar” y “estar listos” para esta medición de alcance internacional.

Podríamos preguntarnos a estas alturas del presente artículo: ¿Es justificable una preparación si la prueba no mide sino una parte del currículo?, ¿qué estaríamos dejando de lado por este entrenamiento?, ¿pretendemos familiarizarnos con el formato de prueba o trataremos de forzar la realidad para no quedar mal y evitar un nuevo “roche” ante los ojos del mundo?, ¿es equitativo que nuestros niños y niñas vayan a la escuela y ésta no siga el currículo por alinearse a unas pruebas de alcance limitado?, ¿no será mejor poner mayor empeño en políticas comprometidas por erradicar la exclusión que el sistema educativo hace de los grupos más vulnerables como las niñas, los discapacitados, los pobres y los que no tienen al castellano como lengua materna?

Sinceramente, no creo que valga la pena sacrificar el currículo, así sean unas cuantas horas, por PISA. Los estudiantes peruanos asisten a las escuelas para aprender historia y geografía del Perú, convivencia ciudadana, urbanidad, educación física, música, arte, danzas, disposición democrática y otras cosas más que PISA no contempla. Por tanto, sería razonable una socialización con el tipo de preguntas pero nunca una preparación para dar bien las pruebas. Sería absurdo pensar que un país como Finlandia (primer puesto) obtuvo resultados satisfactorios gracias a un proceso de adiestramiento gatillado artificialmente y que se desarrolló en desmedro de su currículo.

Quien sabe, hubiera sido más honesto, que las autoridades del sector recomienden a los maestros que enseñen siempre bien lo que tienen que enseñar. De esta manera tendríamos resultados fidedignos de nuestra situación en los contenidos o capacidades que ahora serán explorados con la prueba de este año. Pero ojo, teniendo siempre cuidado de no caer en la simplificación de afirmar que PISA es un indicador confiable de la calidad educativa. Menos aún, responsabilizar con exclusividad a los profesores, pues se sabe que el rendimiento se asocia a factores no alterables por la acción escolar como por ejemplo: la pobreza; el acceso a servicios básicos; el nivel de instrucción de los padres; y la capacidad profesional de los órganos intermedios, entre otros.

Es probable que la mejor fuente de comparación no sean los otros países, sino más bien, nuestro currículo (Diseño Curricular Nacional). Solo con esta comparación (currículo- logros) conoceremos a ciencia cierta si nuestros alumnos están aprendiendo los contenidos, actitudes y valores que el sistema plantea a todos (esto es lo que viene haciendo la UMC y lo que primeramente tendría que hacer cada maestro en su aula). No olvidemos que la educación básica es un fin en si mismo y que no podemos empeñar su alcance por unas pruebas, que por ser de aplicación mundial, carecen de pertinencia curricular e integralidad. Peor aún cuando la prueba PISA será aplicada a estudiantes de 15 años en promedio e independientemente de su ubicación en el sistema. Esto quiere decir que muchos niños peruanos de esa edad, pero cursando el 5to o 6to de primaria (extra-edad) por su situación de pobreza o exclusión, entrarán en “competencia” con alumnos de otros países concentrados mayormente en el décimo año de escolaridad.

Reconocemos que las pruebas PISA exploran aspectos de singular importancia y que ayudarán siempre a tener una visión comparativa. También es loable que en este año se recoja información sobre la vida personal de los estudiantes, los profesores y de las escuelas. Sin embargo, también creemos que el sistema educativo peruano debe de identificar y contrarrestar sus impactos no deseados en lugar de avivarlos.

Nuestro sistema educativo tiene que mejorar por el bien de nuestro país, pero no por una especie de competencia que se ha establecido a la luz de las pruebas PISA. Tenemos un Diseño Curricular Nacional con renovados compromisos, un Proyecto Educativo Nacional de consenso, un Instituto Peruano para la Evaluación, Acreditación y Certificación de la Educación Básica (IPEBA) preocupado por la calidad con equidad y una sólida Unidad de Medición de Calidad que podrían ser capaces de vertebrar un movimiento pedagógico auténtico en beneficio de nuestro país.

Es así, que ante todos estos avances en el Perú, tendríamos que preguntarnos si la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), ámbito político - ideológico de las pruebas PISA, y su discurso utilitario en cuanto a la formación humana nos interesa realmente.

¡Bienvenidas las pruebas PISA y las otras de similar alcance!, ¡Bienvenidas como insumo para reflexionar y tomar decisiones!, ¡Bienvenidas para darnos una idea de nuestra posición en el concierto internacional! Pero nunca bienvenidas para convertirse, aunque sea por unas semanas, en el currículo escolar nacional. Nadie matricula a sus hijos a la escuela para sacar una “buena nota” en PISA. Queremos que nuestros hijos se inserten en el sistema formal para que se forjen integralmente como personas y sean capaces de dar respuesta a nuestros desafíos nacionales.

jueves 26 de marzo de 2009

¿Maestro o alumno?, ¿Quién es el protagonista?



Fuente: Publicado en la Revista Signo del mes de Abril del 2009 (se actualizará este dato en cuanto salga la revista)







¿Maestro o alumno?, ¿Quién es el protagonista?

Iván Montes Iturrizaga

En el marco de las reformas educativas de la década pasada se introdujo en nuestro sistema educativo el planteamiento de que el énfasis tendría que recaer en el aprendizaje (estudiante) y no tanto en la enseñanza (maestro). Se dijo que en la educación tradicional era el profesor el dueño de la verdad que desplegaba un rol autoritario con respecto al alumno. Ante esto se propugnó que el profesor tenía que renunciar a ser el artífice para asumir una nueva faceta: facilitador del trabajo de sus estudiantes. Es así que se impregnó en nuestro sistema educativo una peligrosa ideología antinómica que enfrentó al siempre inseparable binomio profesor – alumno.

Lo más raro de esto es que en ningún documento encontramos afirmaciones con respecto al rol dominante del profesor. Tampoco, existen escritos que afirmen que lo más importante sea enseñar o que el alumno tiene que someterse en el acto didáctico y por ende perder su voluntad.

De todos modos, no podemos negar que la educación contemporánea se sustenta en sólidos conocimientos científicos y alcances tecnológicos. Asimismo, el avance de la didáctica ha hecho posible que los estudiantes aprendan de manera más rápida y alcancen elevados niveles en el dominio cognoscitivo. Sin embargo, esto no nos puede llevar a disgregar lo que siempre tiene que ser importante y vital para que el acto educativo se plasme.

De esta manera, tenemos que considerar que tanto el maestro como el estudiante son protagonistas. Ambos juegan roles diferentes pero complementarios. El que enseña tendrá que esmerarse por conocer muy bien a quien aprende a fin de presentar los nuevos contenidos de manera significativa. Todo esto supone un trabajo profesional y humano más completo y optimizado con respecto al pasado. El alumno por su lado, tendrá que estar en disposición para aprender (aquí también el enseñante tiene que intervenir) y entregarse con responsabilidad a su tarea estudiantil.

En esta relación profesor – alumno no hay un protagonista único. Los dos tienen que encontrarse y desempeñar sus oficios con convicción. Ninguno es más importante que el otro. Es así que por siempre quien enseña necesitará al alumno para realizarse en su tarea formadora. Por su parte, quien aprende precisará un maestro experto que sea capaz de suscitar su desarrollo. Por tanto, no podríamos colocar el acento ni en la enseñanza ni en el aprendizaje.

Es probable, que este absurdo enfrentamiento esté sustentado en las posturas constructivistas de corte radical que se han instalado en nuestro contexto escolar. Para los defensores de esta posición: la realidad no existe, sino se construye; el profesor ya no enseña, sino facilita al estilo de un simple animador de grupos; y, el alumno no aprende de otro más conocedor, sino por arte de magia a través del descubrimiento autónomo, entre otros planteamientos que no dejan de ser seductores slogans.

De otro lado, se suma a lo anterior la manera dogmática y apocalíptica en que el sistema educativo peruano (y de gran parte de América Latina) viven las reformas. Es así que, lejos de asumir lo nuevo como una mejora o un aporte, se trata de desterrar toda forma pasada bajo el pretexto de que el “nuevo paradigma” es la panacea que se debe de imponer para modernizar lo educativo. Lamentablemente, este estilo ha predominado en los cambios que hemos venido experimentando en los últimos 40 años.

Ante esto, pensamos que lo más prudente sería no desprendernos de los saberes y las prácticas pedagógicas tradicionales si es que nos siguen mostrando pertinencia. Es más, en la mayoría de los casos, lo nuevo en pedagogía obedece a desarrollos teóricos y tecnológicos que en estricto constituyen un aporte a lo que ya se viene haciendo. Por tanto, no siempre tenemos que ver los recientes aportes como realizaciones que entran en conflicto con lo que acontece en las aulas.

Tampoco, podemos aceptar que se falte el respeto a los maestros peruanos, que se formaron muy bien hace 30 ó 40 años, con prédicas que se han empeñado en deslegitimar lo que aprendieron. Se dice, por ejemplo, que Bloom, Gagné o Skinner ya pasaron a la historia o que los objetivos educacionales son cosa del pasado. Paradójicamente, lo que ignoran muchos especialistas del sector es que los aportes de los autores mencionados han sido considerados como pilares fundamentales para las reformas que levantaron la bandera del aprendizaje significativo en los 90´s (vease “Psicología y Curriculum” de César Coll Salvador). O también, se ignora con frecuencia que los diseños curriculares actuales (en Perú y en muchísimos países) se elaboran en gran medida gracias al legado tecnológico del psicólogo norteamericano Robert Gagné (se recomienda el libro “The legacy of Robert M. Gagné”, Editado por Rita C. Richey en el 2003).

Creemos que una actitud mucho más realista, analítica e integradora debería mediar en la dilucidación acerca de la valía o no de los nuevos saberes pedagógicos. Del mismo modo, estamos convencidos que esas antinomias (alumno – profesor; enseñanza – aprendizaje; lo viejo – lo nuevo) y dogmatismos le hacen más daño que bien a nuestra educación.