Queridos amigos y amigas del taller de estandares de la UPC 2010
aqui esta el link para que bajen todas las presentaciones y lecturas que hoy
les mostre. cualquier cosa que precisen solo tienen que pedirlo
fue un gusto conocerlos
Con aprecio y agradecimiento
Ivan
Aqui esta el link Download link: http://rapidshare.com/files/342723187/UPC_2009.zip
Pd. esta tambien la conferencia que dicte en la UCP
jueves 28 de enero de 2010
miércoles 26 de agosto de 2009
Problemas de calidad y “administrismo” en las universidades peruanas

Publicado en la Revista Signo Educativo – Año XVIII, Nº 180, Agosto 2009
Problemas de calidad y “administrismo” en las universidades peruanas
(*) Iván Montes Iturrizaga
La oferta universitaria en el Perú se ha expandido considerablemente en los últimos años. Tal es así, que en la actualidad, contamos ya cerca de 80 instituciones entre públicas y privadas bajo la jurisdicción de la Asamblea Nacional de Rectores (ANR). A esta cifra tendríamos que sumar las 30 nuevas universidades que se encontrarían en proceso de trámite e institucionalización en el seno del Consejo Nacional para la Autorización de Funcionamiento de Universidades (CONAFU).
Este crecimiento cuantitativo ha venido acompañado por preocupaciones en cuanto a la calidad de los servicios educativos que se están brindando. Los estudiantes, los padres de familia, las empresas, el sector público y las gentes de a pie en las calles constantemente se preguntan ¿cuáles son las universidades buenas? Sin embargo, el panorama es tan complejo ahora que las respuestas de antaño ya no satisfacen ni contentan a nadie.
(*) Iván Montes Iturrizaga
La oferta universitaria en el Perú se ha expandido considerablemente en los últimos años. Tal es así, que en la actualidad, contamos ya cerca de 80 instituciones entre públicas y privadas bajo la jurisdicción de la Asamblea Nacional de Rectores (ANR). A esta cifra tendríamos que sumar las 30 nuevas universidades que se encontrarían en proceso de trámite e institucionalización en el seno del Consejo Nacional para la Autorización de Funcionamiento de Universidades (CONAFU).
Este crecimiento cuantitativo ha venido acompañado por preocupaciones en cuanto a la calidad de los servicios educativos que se están brindando. Los estudiantes, los padres de familia, las empresas, el sector público y las gentes de a pie en las calles constantemente se preguntan ¿cuáles son las universidades buenas? Sin embargo, el panorama es tan complejo ahora que las respuestas de antaño ya no satisfacen ni contentan a nadie.
Estamos ahora en un nuevo marco, amplio y diverso, donde ya no valdría la tradicional distinción universidad pública “exigente” y universidad privada “fácil”. Tampoco, y al interior de las privadas, sería relevante hablar de universidades sin fines de lucro como “buenas” y con fines de lucro como “mercantilistas”. Sería un craso error establecer juicios de valor con respecto a la calidad de los servicios educativos a la luz del carácter institucional (público o privado) o forma societaria (asociación civil o empresa sociedad anónima). Pues ahora, en estos tiempos, la calidad no es un atributo automático a determinadas formas de universidad. Tenemos así, que la distinción que pronto se instalará en el Perú será muy determinante: entidad acreditada – entidad no acreditada.
Soy un convencido de que todas las formas de universidad tienen razón de existir, desplegarse y posicionarse siempre que asuman con decisión la identidad histórica que caracteriza a este tipo de organizaciones. De esta manera, no tendríamos que asustarnos ante una universidad que persigue fines de lucro y sincera su carácter con total transparencia. Tampoco, podríamos santificar y creer ciegamente en los servicios de una institución pública o privada que no pretende ganancias. Incluso, la tradición y las remembranzas de gloriosas épocas pasadas de una universidad no le servirán de mucho para gozar del reconocimiento social en la actualidad. Es así que se estaría perfilando un nuevo escenario en el Perú para connotar la calidad: la acreditación.
En este contexto, gracias al CONEAU (órgano encargado de acreditar a las universidades peruanas), las universidades tendrán que ganarse una certificación de calidad al cumplir estándares (ojalá rigurosos). Sin embargo, el conquistar estándares exigentes no supone el simple acopio de documentos o el llenado de complicados formatos que penosamente caracterizó a las primeras experiencias en nuestro país. Alcanzar la calidad universitaria implica necesariamente partir de una clara concepción de lo que realmente identifica a institución de este tipo. Asimismo, y sobre la base de lo anteriormente mencionado, comprendería una serie de procesos reflexivos (auto-evaluación) y la toma trascendental de decisiones comprometidas con la mejora constante.
Lamentablemente, estos nuevos conceptos y formas de entender la calidad generarán una necesaria e inevitable conmoción en el sistema. Muchas universidades viven aún inmersas en una permanente auto-referencia donde cada cual proclama su calidad sin sentirse obligados a demostrarla. Por otro lado, los problemas políticos, la pugna por el poder y los actos de corrupción campean en al menos un tercio de nuestras casas superiores de estudio. Se suma a esto el hecho de que muchas universidades son conducidas sin criterios académicos. También, existirían otros problemas casi generalizados como por ejemplo: los estilos autocráticos de gestión; la débil vinculación de la universidad peruana con la problemática nacional; el escaso reconocimiento al mérito intelectual; y, la débil atención que se le presta a la investigación en los presupuestos institucionales.
Pero, se suma al panorama descrito, problemas de calidad asociados a un nuevo pensamiento reduccionista de corte administrativo (“administrismo universitario”) que supedita lo académico al criterio de expertos en marketing, finanzas, planificación y gestión estratégica. En este nocivo paradigma las autoridades consideran que no hace falta la experiencia académica en el mundo universitario para asumir un cargo, y por ende, prefieren contratar a personas ajenas a este ámbito pero conocedoras de la administración.
Este “administrismo” no es patrimonio de algún tipo especial de universidad. Por eso se ha instalado en instituciones tanto públicas como en privadas (con y sin fines de lucro). Esta manera de pensar se evidencia muchas veces en decisiones y actitudes poco académicas, como por ejemplo: el incrementar el número de alumnos por aula para tener mayores ingresos vía el ahorro en el pago de docentes; el subestimar la producción intelectual y la investigación; la designación de decanos y autoridades part time; la exigencia de que toda labor de proyección o extensión debe generar ganancia; y, la consideración errónea de que el prestigio se debe al accionar de las oficinas de marketing y no tanto al talento docente.
No se vaya a pensar que estoy en contra de que se apliquen las modernas herramientas de gestión a las universidades. El problema radica cuando el “administrismo” se impone sobre cualquier otra forma de pensamiento encarnado en la vida académica. Aquí la culpa no la tiene la administración ni los administradores, sino más bien, una manera distorsionada de comprender esta disciplina. Pues, es probable, que esta forma de pensar – violenta en su naturaleza y muy de moda en las universidades- sea promocionada por profesionales que no aprendieron el ABC de la administración, ni muchos menos, el básico principio: “conoce muy bien sobre lo que vas a gestionar”.
A la larga, las prácticas “administristas” en el gobierno de una universidad equivaldrían a un inevitable “haraquiri institucional”.
(*) Profesor Principal e Investigador Senior de la Universidad Católica San Pablo.
Etiquetas:
Artículos para el Debate
martes 14 de julio de 2009
La biblioteca escolar y su vinculación con el proyecto educativo institucional
Fuente: Revista Educativa Signo, Año XVIII, Nº 178, Julio de 2009
Existe un amplio consenso con respecto a la necesidad de contar con bibliotecas al interior de las instituciones educativas. Nos queda claro también que es preciso usar algún sistema técnico para el registro y recuperación electrónica de la información (por ejemplo el Winisis de la UNESCO). Tampoco hay duda con respecto a que el acceso a las bibliotecas virtuales pronto será algo habitual en las escuelas peruanas.
Pero, a pesar de estos acuerdos técnicos, aún se puede vislumbrar algunos vacíos para integrar este importante componente (biblioteca) como parte de la tarea pedagógica. Incluso, es preocupante que para muchas instituciones educativas la biblioteca, más que una necesidad, sea un atributo que por tradición se debe de tener.
Al parecer, gran parte de los pensamientos e intencionalidades con respecto a las bibliotecas escolares estarían girando entorno a una concepción instrumentalista preocupada más por ordenar técnicamente las colecciones, revistas y materiales. Sabemos bien que no podemos dejar de lado estas cuestiones, pero tenemos que reconocer también que lo técnico y la gestión de una biblioteca tendrían que alinearse a los aspectos pedagógicos. He aquí un desafío importante y pendiente en gran parte de nuestras escuelas.
Para superar estos problemas es importante que la biblioteca sea considerada como parte de la propuesta pedagógica de cada institución. En este marco, los profesores son los llamados a jugar un rol protagónico y establecer la vinculación biblioteca - currículo. A su vez esto condicionaría un rol de bibliotecario mucho más activo y entendido en cuanto a lo que hacen los enseñantes en las aulas.
Los bibliotecarios tendrán que conocer muy bien la colección y estar en capacidad de satisfacer las necesidades de los profesores y ayudarlos a identificar los materiales más relevantes para la preparación de sus clases. En cuanto a los alumnos el bibliotecario tendrá que proponer a los maestros materiales que se ajusten a los diferentes tópicos que serán tratados a lo largo del año. De mismo modo, deberán de estar en condiciones de facilitar las indagaciones de los estudiantes de todos los niveles.
Otro de los grandes problemas es la manera en que se establecen normas para el uso de la biblioteca por parte de los alumnos. Para algunos la biblioteca está abierta en la mañana para profesores y en la tarde para los alumnos. Para otros la biblioteca debe de estar siempre a disposición de todos. Ante esto, siempre me he inclinado a concebir que la biblioteca escolar debe ser usada de la misma manera en que se accede - en la vida real- a una pública, personal o institucional. Esto significa acudir a un libro, diccionario, revista o enciclopedia en el momento en que precisamos de la información. En este sentido, los estudiantes, en sus momentos de trabajo en grupo o de su tiempo para el trabajo autónomo en el aula, pueda trasladarse libremente a la biblioteca a solicitar la ayuda del caso.
Un aporte de este aspecto lo tenemos en una gran cantidad de experiencias de educación personalizada (mayormente inspiradas en Pierre Faure y Víctor García Hoz) donde el alumno, al percibir una necesidad de información, solicita a su maestro una pequeña ficha donde se anota el contenido que será buscado, la hora de salida y la hora aproximada en la que el alumno tendrá que regresar a clases. Ya en la biblioteca, el especialista encargado estará pendiente de que el alumno alcance su propósito y regrese al aula a la hora estipulada. Con estos cuidados no habría espacio alguno para el desorden, la irresponsabilidad o para tener a los alumnos deambulando por los patios en lugar de estar en la biblioteca. Todo es cuestión de establecer políticas claras, preventivas en lo formativo e instar a que cada cual haga su parte comprometidamente.
En cuanto al trabajo con los docentes, y demás agentes de la comunidad educativa, las bibliotecas escolares tendrán que asumir un papel mucho más protagónico en la difusión de las nuevas y antiguas adquisiciones. Esto generalmente se hace a través de alertas bibliográficas, boletines virtuales y periódicos murales. También, el bibliotecario podría acudir a las aulas, a lo menos dos veces al año, para motivar y socializar a los alumnos con la colección disponible y las formas de interaccionar con esta instancia. Esta práctica también se tendría que plasmar en la relación con los maestros.
En síntesis, la biblioteca escolar tendría que constituirse en un espacio amigable, real, útil y libre para todos. La biblioteca no solo tendría que ser para los alumnos y profesores. Sería ideal que los padres de familia, los administrativos y el personal de servicio tengan un carné de lector y las facilidades para ingresar sin mayor trámite. Imaginemos por ejemplo: a un empleado de servicio interesado en conocer si un determinado componente con que se limpian las aulas es tóxico; a la “tía” del kiosco queriendo salir de una duda con respecto a si una nueva golosina es preparada con colorantes permitidos; a un administrativo que desea conocer más de estadística pues desea mejorar la presentación de sus reportes; o a un padre o madre interesados en leer algo sobre las dificultades del aprendizaje escolar. Todo esto, sería un indicador confiable de que la biblioteca está cumpliendo su razón de ser y que la comunidad educativa en su conjunto ha comprendido los beneficios de la lectura.
La biblioteca escolar y su vinculación con el proyecto educativo institucional
Iván Montes Iturrizaga
Iván Montes Iturrizaga
Existe un amplio consenso con respecto a la necesidad de contar con bibliotecas al interior de las instituciones educativas. Nos queda claro también que es preciso usar algún sistema técnico para el registro y recuperación electrónica de la información (por ejemplo el Winisis de la UNESCO). Tampoco hay duda con respecto a que el acceso a las bibliotecas virtuales pronto será algo habitual en las escuelas peruanas.
Pero, a pesar de estos acuerdos técnicos, aún se puede vislumbrar algunos vacíos para integrar este importante componente (biblioteca) como parte de la tarea pedagógica. Incluso, es preocupante que para muchas instituciones educativas la biblioteca, más que una necesidad, sea un atributo que por tradición se debe de tener.
Al parecer, gran parte de los pensamientos e intencionalidades con respecto a las bibliotecas escolares estarían girando entorno a una concepción instrumentalista preocupada más por ordenar técnicamente las colecciones, revistas y materiales. Sabemos bien que no podemos dejar de lado estas cuestiones, pero tenemos que reconocer también que lo técnico y la gestión de una biblioteca tendrían que alinearse a los aspectos pedagógicos. He aquí un desafío importante y pendiente en gran parte de nuestras escuelas.
Para superar estos problemas es importante que la biblioteca sea considerada como parte de la propuesta pedagógica de cada institución. En este marco, los profesores son los llamados a jugar un rol protagónico y establecer la vinculación biblioteca - currículo. A su vez esto condicionaría un rol de bibliotecario mucho más activo y entendido en cuanto a lo que hacen los enseñantes en las aulas.
Los bibliotecarios tendrán que conocer muy bien la colección y estar en capacidad de satisfacer las necesidades de los profesores y ayudarlos a identificar los materiales más relevantes para la preparación de sus clases. En cuanto a los alumnos el bibliotecario tendrá que proponer a los maestros materiales que se ajusten a los diferentes tópicos que serán tratados a lo largo del año. De mismo modo, deberán de estar en condiciones de facilitar las indagaciones de los estudiantes de todos los niveles.
Otro de los grandes problemas es la manera en que se establecen normas para el uso de la biblioteca por parte de los alumnos. Para algunos la biblioteca está abierta en la mañana para profesores y en la tarde para los alumnos. Para otros la biblioteca debe de estar siempre a disposición de todos. Ante esto, siempre me he inclinado a concebir que la biblioteca escolar debe ser usada de la misma manera en que se accede - en la vida real- a una pública, personal o institucional. Esto significa acudir a un libro, diccionario, revista o enciclopedia en el momento en que precisamos de la información. En este sentido, los estudiantes, en sus momentos de trabajo en grupo o de su tiempo para el trabajo autónomo en el aula, pueda trasladarse libremente a la biblioteca a solicitar la ayuda del caso.
Un aporte de este aspecto lo tenemos en una gran cantidad de experiencias de educación personalizada (mayormente inspiradas en Pierre Faure y Víctor García Hoz) donde el alumno, al percibir una necesidad de información, solicita a su maestro una pequeña ficha donde se anota el contenido que será buscado, la hora de salida y la hora aproximada en la que el alumno tendrá que regresar a clases. Ya en la biblioteca, el especialista encargado estará pendiente de que el alumno alcance su propósito y regrese al aula a la hora estipulada. Con estos cuidados no habría espacio alguno para el desorden, la irresponsabilidad o para tener a los alumnos deambulando por los patios en lugar de estar en la biblioteca. Todo es cuestión de establecer políticas claras, preventivas en lo formativo e instar a que cada cual haga su parte comprometidamente.
En cuanto al trabajo con los docentes, y demás agentes de la comunidad educativa, las bibliotecas escolares tendrán que asumir un papel mucho más protagónico en la difusión de las nuevas y antiguas adquisiciones. Esto generalmente se hace a través de alertas bibliográficas, boletines virtuales y periódicos murales. También, el bibliotecario podría acudir a las aulas, a lo menos dos veces al año, para motivar y socializar a los alumnos con la colección disponible y las formas de interaccionar con esta instancia. Esta práctica también se tendría que plasmar en la relación con los maestros.
En síntesis, la biblioteca escolar tendría que constituirse en un espacio amigable, real, útil y libre para todos. La biblioteca no solo tendría que ser para los alumnos y profesores. Sería ideal que los padres de familia, los administrativos y el personal de servicio tengan un carné de lector y las facilidades para ingresar sin mayor trámite. Imaginemos por ejemplo: a un empleado de servicio interesado en conocer si un determinado componente con que se limpian las aulas es tóxico; a la “tía” del kiosco queriendo salir de una duda con respecto a si una nueva golosina es preparada con colorantes permitidos; a un administrativo que desea conocer más de estadística pues desea mejorar la presentación de sus reportes; o a un padre o madre interesados en leer algo sobre las dificultades del aprendizaje escolar. Todo esto, sería un indicador confiable de que la biblioteca está cumpliendo su razón de ser y que la comunidad educativa en su conjunto ha comprendido los beneficios de la lectura.
Etiquetas:
Artículos para el Debate
Suscribirse a:
Entradas (Atom)